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  • Foto del escritorMujeres Fuertes Costa Rica

Luchar no es "masculino". Es natural.



*English below!*

Autora: Toby Israel


El Peligro de la Polaridad


“En este momento te siento realmente en tu energía masculina con este límite”.

Hace un buen tiempo, un amigo me dijo algo así cuando le expresé un límite durante un evento.


Fue esa energía "masculina" la que pareció dar en el punto: sabía que yo hablaba en serio. Su elección de palabras me molestó entonces, hace años, y todavía hoy el recuerdo está vivo en mí.


Creo que esas palabras se han quedado conmigo durante tantos años porque desde entonces las he escuchado repetidas o reflejadas de muchas maneras. Como instructora de Autodefensa Holística, trabajo mucho con los límites.


La gente me ha sugerido, sutilmente y abiertamente, que ayude a las mujeres a "conectarse con su energía masculina", que establecer límites es un "atributo masculino" (¡y también lo son la ambición y la acción!), y que "el flow" es una cualidad particularmente femenina. Explicaré por qué creo que esto puede ser problemático.


Pasé la mayor parte de diciembre en el Lago Atitlán en Guatemala, rodeada de gente hermosa y colorida jugando en un Wonderland de movimiento y prácticas espirituales, muchas de las cuales me encantan. Sin embargo, estas comunidades y espacios a menudo se superponen en un Diagrama de Venn con lo que llamaré "Polarity Speak” (El lenguaje de la polaridad), y después de semanas de escuchar a la gente hablar de "su lado femenino" y "tu lado masculino" cómo si fuera cualquier cosa, siento el deseo de responder.


Polarity Speak utiliza el lenguaje de la polaridad (energía femenina y energía masculina, que gobiernan el universo pero trascienden cualquier concepto humano de género) para etiquetar los rasgos de personalidad socializados como "masculino" o "femenino", fusionando así lo espiritual con lo social y perpetuando normas binarias de género.


No estoy en contra de la polaridad como concepto. Creo que todos tenemos un trabajo profundo que hacer para buscar las partes de nosotros mismos que hemos abandonado, llamarlas de vuelta e integrarlas en el tejido texturizado de nuestro ser. Sin embargo, no estoy de acuerdo con la forma en que el uso descuidado del lenguaje puede reforzar sutilmente los estereotipos de género y, cuando se incorpora inconscientemente a una escala social y cultural, perpetuar los sistemas en los que florecen la violencia y el abuso.


Este es el por qué:


  1. Para empezar, no estoy “en mi energía masculina” cuando establezco límites firmes, persigo activamente mis objetivos o enseño defensa personal. Y si crees que luchar no es "femenino", entonces,

  2. No has estado poniendo mucha atención a la naturaleza. Tus estereotipos binarios de género están perpetuando un sistema social en el que las mujeres y las niñas son socializadas para permanecer calladas y ser amables y pequeñas, su instinto natural de protegerse, pelear y gritar suprimido por la educación, la cultura popular y gente como tú diciendo que "se comporten como una dama" y,

  3. Tal vez sea hora de considerar que "estar en tu flow" es un cumplido cargado, porque a veces es código para "tener límites débiles" o "ceder a los deseos de los demás, generalmente hombres".


¿Estoy enojada por la super-abundancia de prejuicios de género y valores patriarcales arraigados escondidos ​​en el discurso de polaridad consciente, todo lo cual veo correr desenfrenado en las redes sociales, en capacitaciones y retiros espirituales, y dentro de mis propios círculos cercanos de amigos? Sí, lo estoy.


(Ahí voy de nuevo, conectando con mi energía masculina con toda esta rabia intelectual... a menos que se vuelva histérico, entonces eso es 100 por ciento energía femenina, ¿no?)


Pero pregúntale a Kali sobre la ira. Pregúntale a Lilith. Pregúntale a Artemisa.


El divino femenino inventó la rabia y los límites firmes. Estos arquetipos femeninos bailan en los cimientos de mi trabajo de autodefensa y empoderamiento. Me animan con voces ni femeninas ni masculinas, un tenor más allá de la polaridad, más allá de los binarios. Enseñar a las mujeres a usar sus cuerpos y voces para protegerse no se trata de aprovechar su energía masculina; se trata de recordar su poder inherente. (No es necesario apoyarse en tropos cansados ​​​​que asocian la masculinidad con la fuerza).


Este discurso de polaridad que me está molestando le gusta asociar el poder de una mujer exclusivamente con su sexualidad. Sí, recuperar la sexualidad y el placer, rechazar la culpa y la vergüenza que envuelvan los cuerpos y el sexo es revolucionario y poderoso.


Si, y también…


Y también, mis genitales y mi útero no son mi única fuente de poder, y ciertamente no mi única fuente de valor. El esquema de polaridad demasiado simplificado parece sugerir que lo "femenino empoderado" reside, únicamente, en la vagina. (Código para el mito milenario y siempre corrosivo: la fuerza física, mental o verbal es dominio de los hombres).


Durante décadas, la Autodefensa y Empoderamiento (ESD) ha buscado quebrantar los estereotipos de género dominantes con respecto a la fuerza física mediante la enseñanza de técnicas adaptadas a las fortalezas de los cuerpos de las mujeres (por ejemplo: caderas y piernas, técnica efectiva sobre la fuerza bruta).


El mensaje:

  1. No tienes que ser más grande y más fuerte para ganar la pelea,

  2. Todxs somos fuertes de diferentes maneras y,

  3. Con el entrenamiento adecuado, una posición vulnerable puede transformarse en una posición de poder (por ejemplo, tumbado en el suelo).


Sin embargo, recientemente, muchos de mis colegas y yo hemos comenzado a alejarnos lentamente del lenguaje de género. ¿Por qué? En primer lugar, no todos los agresores son hombres (aunque, sí, la mayoría de los perpetradores de violencia contra las mujeres lo son). En segundo lugar, no todas las víctimas ​​son mujeres, y es hora de enseñar a todos los cuerpos cómo protegerse, a todas las edades. Y finalmente, no todas las participantes que se identifican como mujeres encajan necesariamente en el cuadro creado por la frase, "la fuerza de una mujer está en sus caderas".


A medida que aprendemos más, buscamos hacerlo mejor. La inclusión hoy no se ve igual que hace 10 o incluso cinco años. Tampoco el discurso sobre temas de género, justicia social o prevención de la violencia.


El lenguaje del respeto y la comunicación consciente está evolucionando. Entonces, ¿por qué no la polaridad?


Me preocupo cuando veo viejas estructuras patriarcales de género y control disfrazadas de empoderamiento, sanación o relaciones “conscientes”. Me preocupa porque es innegablemente seductor y peligroso.


Esto es un poco una conjetura, pero es fácil imaginar cómo Bikram, Yogi Bhajan, Osho u otros líderes espirituales modernos podrían haber usado el lenguaje de la polaridad para manipular a sus víctimas. ¿Qué mujer no quiere ser una diosa evolucionada y sexy, dueña del flow y la entrega? No estamos muchas décadas más allá de los ideales binarios de los años 50 y 60, la mujer como una diosa materna, cariñosa, receptiva, y el hombre fuerte, masculino y proveedor.


Y oye, hay valor en conectarse con cada parte de nuestra experiencia humana: fuerza, intelectualidad, límites, ambición y acción... y también emoción, vulnerabilidad, entrega, fluidez y receptividad. Si alguien encuentra o facilita el crecimiento o la curación a través del trabajo de polaridad, sin causar daño a nadie, ¡bravo!


Pero si el truco de magia sintáctico de aislar lo "masculino" y lo "femenino" de sus raíces de género es realmente una fachada apenas velada para perpetuar los estándares de "masculinidad" y "feminidad" de siglos pasados… Next!


¿Qué viene después de la polaridad?


 

Sobre la Autora


Toby Israel es la fundadora y facilitadora de Mujeres Fuertes Costa Rica. Instructora de defensa personal (Certificación Completa, ESD Global) y maestra de yoga, facilita retiros y talleres para inspirar y transformar a partir de la conexión con nuestra fuerza interior. Vino a Costa Rica en 2017 para sacar su maestría en la Universidad para la Paz. Se quedó por el sol, la papaya y la comunidad.


Toby Israel is the founder of Mujeres Fuertes Costa Rica. As an ESD instructor (Level 4, ESD Global & Trainer of Trainers) and yoga teacher, she facilitates retreats and workshops designed to inspire and transform through connection to our inner strength. She came to Costa Rica in 2017 for a Master's degree from the University for Peace. She stayed for the sunshine, the papaya, and the community.


 


I’m Not “in my Feminine” & you’re Not “in your Masculine”—the Danger of Polarity Speak.



Author: Toby Israel


“I really feel you in your masculine right now with this boundary.”

A good while ago, a friend said something along those lines when I expressed a boundary to him during an event.


It was that “masculine” energy that seemed to drive it home—he knew I was serious. His choice of words nagged me then, years ago, and the memory is still alive for me today.

I think those words have stuck with me for so many years because I have since heard them repeated or reflected in many ways. As an empowerment self-defense instructor, I work a lot with boundaries.


People have suggested, subtly and outright, that I help women “connect with their masculine,” that boundary setting is a “masculine attribute” (and so are ambition and action!), and that “flow” is a particularly feminine quality. I’ll explain why I think this may be problematic.


I spent most of December on Lake Atitlán in Guatemala, surrounded by beautiful, colorful people playing in a wonderland of movement and spiritual practices, many of which I love. However, these communities and spaces often overlap in a stout Venn diagram with what I will call “polarity speak,” and after weeks of hearing “in her feminine” and “your masculine side” slung around with gleeful abandon, I feel called to respond.

Polarity Speak is utilizing the language of polarity (feminine energy and masculine energy, which govern the universe but transcend any human conception of gender) to label personality traits socialized as “male” or “female,” thus conflating the spiritual with the social and perpetuating binary gender norms.


I am not against polarity as a concept. I think there is deep work for all of us to do in seeking out the parts of ourselves we have abandoned, calling them home, and integrating them into the textured fabric of our being. I do, however, take issue with how the careless use of language can subtly reinforce gender stereotypes and—when unconsciously embedded at a social and cultural scale—perpetuate systems in which violence and abuse flourish.


Here’s why:


  1. To begin with, I am not “in my masculine” when I set strong boundaries, actively pursue my goals, or teach self-defense. And if you think fighting is not “feminine,” then,

  2. You have not been paying much attention to nature. Your binary gender stereotypes are perpetuating a social system wherein women and girls are socialized to stay quiet, be nice, and play small, their natural instinct for self-preservation, fighting, and yelling suppressed by education, popular culture, and people like you telling them to “act like a lady,” and,

  3. Maybe it’s time to consider that “being in your flow” is a loaded compliment, because sometimes it is New Age code for “having flimsy boundaries,” or “ceding to the desires of others, usually men.”


Am I pissed off by the superabundance of gender biases and entrenched patriarchal values couched in conscious polarity speak, all of which I see running rampant on social media, in spiritual trainings and retreats, and within my own close circles of friends? Yeah, I am.


(There I go again, in my masculine with all this intellectual rage…unless it becomes hysterical, then that’s 100 percent feminine, right?)


But ask Kali about anger. Ask Lilith. Ask Artemis.


The divine feminine invented rage and strong boundaries. These feminine archetypes dance at the foundations of my self-defense and empowerment work. They cheer me on with voices neither feminine nor masculine, a tenor beyond polarity, beyond binaries. Teaching women to use their bodies and voices to protect themselves is not about tapping into their masculine side; it is about remembering their inherent power. (Leaning on tired tropes associating masculinity with strength not required.)

This polarity-speak that is getting under my skin likes to associate a woman’s power exclusively with her sexuality. Yes, reclaiming sexuality and pleasure, rejecting guilt and shame around bodies and sex is revolutionary—and powerful.


Yes, and…


And, my genitals and my womb are not my only source of power, and certainly not my only source of value. Oversimplified polarity schema appear to suggest that the “empowered feminine” resides—only—in the vagina. (Code for the age-old and always corrosive myth: Physical, mental, or verbal strength is the domain of men.)


For decades, empowerment self-defense has sought to undermine dominant gender stereotypes regarding physical strength by teaching techniques tailored to the strengths of women’s bodies (think: hips and legs, effective technique over brute force).


The message:

  1. You don’t have to be bigger and stronger to win the fight,

  2. We are all strong in different ways, and,

  3. With the right training, a vulnerable position can transform into a position of power (ie. Lying on the ground.)

Yet, recently I and many of my colleagues have begun to make a slow shift away from gendered language altogether. Why? First, not all attackers are men (even though, yes, most perpetrators of violence against women are). Second, not all defendants are women, and it is time to teach all bodies how to protect themselves, at all ages. And finally, not all participants who identify as women will necessarily fit into the curvy box created by the phrase, “a woman’s strength is in her hips.”


As we learn more, we seek to do better. Inclusivity today does not look the same as it did 10 or even five years ago. Neither does the discourse on gender issues, social justice, or violence prevention.


The language of respect and conscientious communication is evolving. So, why not polarity?


I worry when I see old, patriarchal structures of gender and control dressed up as empowerment, healing, or “conscious” relating. I worry because it is undeniably seductive—and dangerous.


This is somewhat conjecture, but it is easy to imagine how Bikram, Yogi Bhajan, Osho, or other modern spiritual leaders might have used the language of polarity to allegedly groom their victims. What woman doesn’t want to be a sexy, evolved goddess, mistress of flow and surrender? We are not so many decades beyond the binary ideals of the 50s and 60s, the woman as goddess-like, nurturing, receptive, and the man as strong, masculine, providing.


And hey, there is value in connecting with every part of our human experience: strength, intellectuality, boundaries, ambition, and action…and also emotion, vulnerability, surrender, flow, and receptivity. If someone finds or facilitates growth or healing through polarity work, without causing harm to anyone else, good on them.


But if the syntactic magic trick of isolating “masculine” and “feminine” from their gendered roots is really a thinly veiled front for perpetuating past centuries’ standards of “masculinity” and “femininity”…next.


What comes after polarity?

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