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  • Sobre el feminismo tóxico

    Sobre el feminismo tóxico

    El camino desde lo divino femenino hacia la manosfera

    En resumen: El problema no son las palabras que usan ni los desafíos que describen. El problema es asignarle un género a los problemas humanos universales y fundamentales, y luego ignorar los sistemas -el capitalismo, el colonialismo, el chauvinismo- que nos llevaron hasta ese lugar y quizás ataron estos problemas a los temas de género.

    Es muy sigiloso. Este lenguaje hegemónico que refuerza el statu quo se encuentra en memes y reels que ofrecen consejos sobre relaciones interpersonales, podcasts sobre sanación y política, y en las habladurías de personajes famosos como Scott Galloway, Mark Zuckerberg y Joe Rogan. 

    Es un salto corto hacia ideas peligrosas y consecuencias en el mundo real .

    Hace poco, mi pareja me envió un podcast sobre relaciones. Él escuchó una conversación inspiradora sobre crecimiento personal y relacional; yo, por otro lado, no pude escuchar otra cosa más que roles de género normativos y subtextos antifeministas y misóginos a través del episodio.

    Los subtextos eran sutiles. Como las huellas de la IA: si no las estuvieras buscando, probablemente no las notarías. Pero una vez que las ves, no puedes dejar de verlas.

    Para resumir el lenguaje que encontré problemático… 

    • Eran las referencias despectivas al “feminismo tóxico”, la alusión obsesiva a la “mujer radiante” y el uso excesivo del término “la mujer moderna” (que aparentemente, está tratando de “actuar como los hombres”).
    • Era el refuerzo sutil de la idea del “hombre de alto valor”, incluso mientras lo criticaban, y era la insistencia casual de que “no todos los hombres”.
    • Era la ilusión de la pericia oscurecida por estadísticas imprecisas que provenían de “investigaciones” y la ilusión de profundidad que el término “somático” proporcionaba a cada idea.

    Pero, en realidad, no era el lenguaje. No exactamente.

    Porque yo también encuentro interesante explorar cómo el doble estándar para las mujeres hace que sea un desafío equilibrar la fuerza y la suavidad, el empoderamiento y la ternura, el liderazgo y la confianza. Pero ¿sabes qué? Sospecho que los hombres experimentan desafíos similares, al igual que las personas no binarias y de género queer. Solo es una suposición. (Nota al pie: Otra objeción que tengo con todo este discurso de lo divino femenino/divino masculino, alfa masculino/delicadeza femenina es cómo borra (intencionalmente o no) a tantas personas que no se identifican con las presentaciones de género “tradicionales”).

    Yo también amo a los hombres, quiero ser abrazada a veces y me canso de cargar tanto en mis hombros.

    Yo también me preocupo por las tasas abrumadoras de soledad, depresión, suicidio y violencia doméstica, síntomas de una sociedad que se está desmoronando.

    Nos gustan las palabras de moda. Por supuesto que queremos ser radiantes, empoderadas, saludables, estar sanas, exitosas, conectadas, apoyadas, realizadas…

    Estas palabras, que aparecen en tantos memes, podcasts e incluso en la retórica política, no son (exactamente) el problema. El problema es la forma en que se presentan, la falsa asociación de estos elementos o temas con roles de género. La culpa al feminismo por el disconfort de la “mujer moderna”. La promesa engañosa de que si simplemente “ensuavizamos” todo, mejorará espontáneamente. 

    Porque no. La “suavidad” no es una solución mágica.

    ¿Es un ingrediente necesario para sanar la humanidad? Sí.

    ¿Es una respuesta radical a un mundo duro que se endurece cada vez más? También sí.

    Pero ¿resolverá la pandemia de violencia patriarcal? No sin una dosis de equidad, educación, justicia, empoderamiento y, simplemente, el desmantelamiento de una visión del mundo en la que “femenino” o “feminidad” implica debilidad o subordinación.

    Es agotador luchar contra esta nueva ola de retórica, esta comprensión errónea de perspectivas filosóficas y espirituales antiguas sobre la energía (como yin/yang, shiva/shakti) y proyectarlas sobre una visión occidental, patriarcal y posiblemente imperialista de roles de género binarios.

    El problema no es investigar por qué los hombres se sienten perdidos hoy en día, o por qué las mujeres están cansadas; ¡claro que son preguntas importantes!

    El problema es, primero, etiquetar cualidades como “liderazgo” como masculinas, y segundo, señalar la “masculinidad” de las mujeres como la causa de los problemas en las relaciones en lugar de enfrentar los valores profundamente arraigados que no permiten que ninguno de nosotros exprese nuestra humanidad plena.

    Dentro del hoyo del conejo de la manosfera

    Las mujeres que “actúan como hombres” ha sido una vieja queja reciclada a través de las generaciones -desde que las mujeres nos unimos a la fuerza laboral, cuando usamos pantalones, cuando obtuvimos el voto, cuando al montar a caballo colocamos una pierna a cada lado, cuando rechazamos la idea de la “perfecta felicidad doméstica”- para avergonzar a las mujeres y hacerlas volver a su lugar. Hoy en día, es una trampa fácil pasar de estos comentarios (supuestamente) inocentes hacia territorios mucho más oscuros en internet: 

    • Desde las mujeres que quieren conectar con su sensualidad (¡genial!) hasta las mujeres y hombres que denigran a cualquier persona cuya expresión de género no se ajuste al esquema de la década de 1950.
    • Desde los hombres que buscan crecer y alcanzar su potencial (¡genial!) hasta los “coaches que ofrecen la píldora roja” y hablan de personas “de alto valor” (¿en oposición a las de bajo valor?) y de obtener lo que “mereces” si pagas por una cita.
    • Desde un adolescente que busca consejos sobre citas (¡que tierno!) hasta Andrew Tate.
    • Desde los “buenos chicos” que intentan encontrar una novia (claro) hasta #notodosloshombres que pasan por alto el daño causado por violadores, traficantes y asesinos.

    Piénsalo como un embudo. En su punto más ancho, el embudo captura a casi todos nosotros con referencias casuales de “el problema con los hombres” o “la mujer moderna”. Es tan amplio, tan trivial, tan universal, que la mayoría de nosotros podemos identificarnos con algo de esto: ¡Sí! ¡Me siento cansadx! ¡Sí! ¡Hemos perdido nuestra chispa! ¡Sí! ¡Me siento solx! ¡Sí! Las mujeres están haciendo demasiado, los hombres están luchando, todxs estamos abrumados, no nos aprecian, estamos confundidxs, perdidxs, etc. etc. etc.

    Sin embargo, gracias a las maravillas del internet y la lógica algorítmica de las redes sociales (la cual tiende a la radicalización), un usuario puede pasar rápidamente de “consejos sobre citas” a contenido incel que llama a la violencia contra las mujeres. Un usuario desprevenido que lee sobre “cómo conectar con su sensualidad” puede descubrir rápidamente a una serie de coaches que explican con confianza que el feminismo es el verdadero problema.

    Esto es lo que yo llamo el “puente desde lo divino femenino hacia la manosfera”.

    Sin embargo, puedes amar a los hombres y aún así reconocer que ellos cometen el 90-95% de los crímenes violentos. Podemos criticar nuestra fatiga colectiva hacia el dating moderno, la cultura laboral, el capitalismo o cualquier otra cosa sin usar al “feminismo tóxico” como la fuente de nuestro descontento.

    Quizás lo que yace en la profundidad es que tendemos a hacer que lo personal sea universal, y lo universal personal. Queremos un hombre que pague todo (como preferencia personal); por lo tanto, los hombres que pagan por cosas son universalmente mejores o más masculinos. Sin embargo, cuando mencionamos estadísticas sobre, por ejemplo, la violencia doméstica (estadísticamente, un problema universal), son solo unas cuántas manzanas podridas. Los traficantes de niños son monstruos. Un tiroteo masivo es culpa de los padres.

    Nunca eres tú o los hombres que conoces. Sin embargo, tu soledad debe ser parte de una epidemia.

    Mi diario casi se desborda en los márgenes mientras redacto este ensayo. Notas al margen y asteriscos abundan. Es demasiado para capturar en solo unas pocas páginas; no sé por dónde empezar cuando las bases de esta premisa son huecas, podridas, y se desmoronan. Si yo creo que el género es un constructo, y uno bien pésimo, que causa daño real en el mundo, y tú crees que es una realidad biológica, ¿hay algún espacio para una conversación significativa?

    En lugar de eso, quizás podemos mirar solamente los resultados. Lee este informe sobre cómo los hombres jóvenes están usando internet y cómo está distorsionando su percepción de las mujeres.

    Escucha a más mujeres, personas queer, personas de color, personas fuera de tu burbuja.

    Escucha críticamente cuando un podcaster o influencer lanza términos como “divino femenino”, “hombre de alto valor”, “feminismo tóxico”, “la epidemia de soledad masculina” o “la mujer moderna”.

    No solo te preguntes si “suena bien” (¡porque si se ajusta a la visión del mundo en la que la mayoría de nosotros fuimos socializados, sonará bien!); más bien, pregunta a quién están beneficiando esas palabras.

    Pregúntate, ¿esta narrativa desafía el statu quo, o lo refuerza?

    Y si es la segunda, pregúntate, ¿son estos los caminos retóricos que quiero profundizar en mi propia mente?

    Y una última pregunta: ¿Quiero contribuir a un mundo donde la empatía, la suavidad y el cuidado—el liderazgo, la fuerza y la disciplina—pertenezcan solo a la mitad de la población? ¿O quiero construir uno donde lo mejor de nuestra humanidad esté disponible para todxs? 


    Traducido por Iaris del inglés. Originalmente publicado en Substack.


    Sobre la autora

    Toby Israel es la fundadora y facilitadora de Mujeres Fuertes Autodefensa. Instructora de defensa personal (Certificación Completa, ESD Global, Formadora de Instructoras, Credencial ESDP con la Association of ESD Professionals) y maestra de yoga, facilita retiros y talleres para inspirar y transformar a partir de la conexión con nuestra fuerza interior. Vino a Costa Rica en 2017 para sacar su maestría en la Universidad para la Paz. Se quedó por el sol, la papaya y la comunidad.

    Toby Israel is the founder of Mujeres Fuertes Costa Rica. As an Empowerment Self-Defense instructor (full certification and trainer of trainers, ESD Global) and yoga teacher, she facilitates retreats and workshops to inspire and transform through our connection with our inner strength. She came to Costa Rica in 2017 to complete her Masters at the University for Peace. She stayed for the sunshine, the fruit, and the community.


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