Tag: sanación

  • El otro lado de la autodefensa y la comunicación asertiva

    El otro lado de la autodefensa y la comunicación asertiva

    En los talleres de autodefensa, hablamos mucho de cómo poner nuestros límites—encontrar nuestro no, expresarlo, y si es necesario defenderlo. Practicamos hasta el cansancio el “no sencillo” y la “fórmula mágica”. 

    Llegamos a entender que nuestro “no” no requiere ni explicación ni disculpas (podemos darlas si queremos, claro), y que éste se debe respetar. 

    Se vuelve aún más importante en nuestros vínculos más cercanos; si un desconocido no sabe escuchar mi “no,” me voy, no necesito verlo de nuevo. Pero si un papá, amigx, o pareja no lo hace, allí tenemos que desarrollar técnicas más afinadas de comunicación para llegar a un entendimiento compartido. (O igual nos vamos, por supuesto.)

    A veces, hablamos también de un punto más sutil pero sumamente importante a una práctica de autodefensa holística: como recibir el “no” de otra persona con la misma comprensión, respeto y amor con lo cual nos gustaría que se nos recibiera a nosotres.

    Es clave reconocer que nadie pasa toda la vida en un solo rol de “víctima” o “agresorx”. Por todas las veces que no hemos logrado expresar un límite firme, sin duda hemos ignorado, traspasado o mal recibido los límites de las personas en nuestras vidas también.

    A nadie le gusta escuchar la palabra “no”.

    Es natural y humano querer conseguir lo que queremos.

    ¿Entonces, cómo podemos encontrar un “no” con el mismo amor que queremos ver hacia nuestros propios límites?

    1. Primero, reconocemos que es una práctica y un proceso. Se siente incómodo al inicio—igual que poner límites—pero se vuelve más natural con el tiempo y la repetición. Podemos tenernos paciencia y disculparnos por las veces que reaccionamos desde el dolor o decepción y no con la madurez que quisiéramos.

    2. Segundo, podemos recordarnos que la persona que está expresando su límite es un ser autónomo, un universo tan complejo como nosotres. No tenemos que “entenderlo” para aceptar su límite y entender qué es lo que esa persona necesita en el contexto de su universo.

    3. Por ende, podemos preguntarnos si el vínculo puede coexistir sanamente con ese límite. Si una amiga no quiere salir este finde, la respuesta probablemente es sí. Pero si nuestra necesidad básica de seguridad, respeto o comunicación choca totalmente con el límite de tiempo, energía o inteligencia emocional de nuestra amiga, quizás no hay un vínculo funcional allí.

    4. Podemos practicar separar nuestra autoestima del “no” que recibimos. Cuando alguien nos dice que no, no es un comentario sobre nuestro valor como persona, ni sobre la validez de nuestros deseos o necesidades. Es simplemente información sobre los límites, la capacidad o las prioridades de esa persona en este momento. Un “no” a una solicitud no significa que somos egoístas por pedir. Podemos respirar profundo y recordar que nuestro valor es inherente y no depende de la disponibilidad o respuesta de los demás.

    5. Cuando nos encontramos resistiendo o presionando contra un límite, podemos hacer una pausa y examinar por qué. ¿Qué necesidad no satisfecha está impulsando nuestra resistencia? ¿Es realmente sobre esta persona específica, o sobre algo más profundo? A menudo, nuestra dificultad para aceptar un “no” revela más sobre nuestras propias vulnerabilidades que sobre la otra persona. El objetivo es entendernos mejor y encontrar maneras más saludables de satisfacer nuestras necesidades. Quizás necesitamos buscar apoyo en otro lugar, o tal vez necesitamos trabajar en nuestra propia capacidad de estar solos o de tolerar la decepción. Esta consciencia nos permite crecer y fortalecer tanto nuestros vínculos como nuestra autodefensa emocional.

    ¿Y tú, cómo recibes los “no”? ¿Cuáles herramientas te apoyan en esa práctica? 


    Sobre la autora

    Toby Israel es la fundadora y facilitadora de Mujeres Fuertes Autodefensa. Instructora de defensa personal (Certificación Completa, ESD Global, Formadora de Instructoras, Credencial ESDP con la Association of ESD Professionals) y maestra de yoga, facilita retiros y talleres para inspirar y transformar a partir de la conexión con nuestra fuerza interior. Vino a Costa Rica en 2017 para sacar su maestría en la Universidad para la Paz. Se quedó por el sol, la papaya y la comunidad.

    Toby Israel is the founder of Mujeres Fuertes Costa Rica. As an Empowerment Self-Defense instructor (full certification and trainer of trainers, ESD Global) and yoga teacher, she facilitates retreats and workshops to inspire and transform through our connection with our inner strength. She came to Costa Rica in 2017 to complete her Masters at the University for Peace. She stayed for the sunshine, the fruit, and the community.


    Sobre Mujeres Fuertes Autodefensa

    Mujeres Fuertes es un proyecto de autodefensa apoyando a todas las personas a vivir una vida libre de miedo y llena de confianza.

    Aprovechen nuestros recursos digitales de autodefensa:

    • Un blog con docenas de artículos sobre la autodefensa, la prevención de violencia, y otros temas relacionados.
    • Un canal de YouTube con MUCHOS talleres de autodefensa grabados.
    • Un handbook en formato PDF ilustrado explicando todas las técnicas.
    • Un curso digital autodidacta.
  • La autodefensa como acto de resistencia diaria

    La autodefensa como acto de resistencia diaria

    “Avisame cuando llegués” debería ser opcional, pero entre mujeres, es un código silencioso de cuidado, un gesto de sororidad involuntaria que hemos aprendido a ejercer para sobrevivir, y casi que una orden obligatoria.

    En un mundo donde la violencia de género es una sombra constante, la seguridad para las mujeres se ha convertido en un acto de resistencia diaria. Según las voces de decenas de mujeres que respondieron a la pregunta* “¿Qué es seguridad para vos y qué medidas tomás para sentirte segura?”, la respuesta no es sencilla ni uniforme, pero revela patrones profundos y dolorosos:

    • nos cuidamos entre todas,

    • nos preparamos para lo peor, y

    • nos protegemos aunque debería ser innecesario.

    “Si viajo sola, me informo de todo, busco un hotel seguro y llevo implementos para protegerme”, cuenta Liam, Majo relata cómo siempre lleva consigo spray de pimienta y una mini cuchilla entre sus llaves.

    Hay quienes prefieren correr sólo en zonas muy transitadas, (la gran mayoría comparten su ubicación en tiempo real con amigos, madres, hermanas, parejas) y quienes simplemente ya no se animan a salir solas. 

    Estos relatos no son anécdotas aisladas: son formas de autodefensa que hemos internalizado.

    Desde un contacto de emergencia en el celular, hasta llevar elementos cotidianos que pueden transformarse en armas como un sacacorchos “porque le sale un cuchillo fácil”. Desde revisar minuciosamente el lugar al que vamos, hasta pedir compañía para evitar trayectos solitarios, la autodefensa no siempre implica golpes o técnicas de combate; también es estrategia, prevención, intuición aguda y una red de cuidado que tejemos entre todas.

    La seguridad, para nosotras, se construye en pequeños actos que, en conjunto, revelan una realidad cruda: vivimos en un entorno que no está hecho para protegernos, por eso, lo hacemos nosotras mismas.

    Para salir de la casa, nos aseguramos de que alguien sepa siempre dónde estamos; evitamos zonas desconocidas y solitarias de noche y muchas veces por completo. Aprendemos a vivir en un constante estado de vigilancia, cuidando nuestras pertenencias y nuestra propia existencia, siempre atentas a nuestro entorno.

    Este ejercicio cotidiano de supervivencia, también nos enseña a practicar la sororidad, porque, estar pendiente y “acompañar de lejos”, es un compromiso que tenemos unas con otras, un acuerdo que establecemos y entendemos sin ninguna explicación previa.

    La autodefensa femenina es la respuesta a una sociedad que nos quiere divididas, pequeñas y atemorizadas. Y sin embargo, cada vez que una mujer elige proteger a otra, cuidarla, confiar en ella y acuerparla, está desafiando ese mandato.

    Hoy, cuidarnos es una forma de lucha.

    Es apoyo traducido en acción. Y, aunque el sueño es que un día ninguna tenga que vivir con miedo, por ahora seguiremos construyendo nuestras propias redes, gritando juntas, y defendiéndonos juntas.

    Porque nos tenemos. Porque nos cuidamos. Porque existimos. Y porque entendimos que la seguridad es colectiva.

    No estamos solas cuando aprendemos a protegernos entre todas con un cuidado mutuo que se expresa en mensajes, ubicaciones compartidas y herramientas improvisadas y que no es sólo un acto de supervivencia, es también una forma de resistencia activa.

    La autodefensa no empieza (ni termina) en el cuerpo: empieza en la confianza de que, juntas, podemos crear un entorno más seguro.


    *Este texto nace de una pregunta que lancé en Instagram, buscando respuestas reales, cotidianas y urgentes. A través del crowdsourcing con mi comunidad de redes, recopilé experiencias directas de mujeres que, en su día a día, construyen su seguridad a como pueden. No es una investigación formal, pero sí una forma de tomarle el pulso a la realidad desde la voz de quienes la viven, y no son datos estadísticos, son testimonios que hacen visible lo que muchas ya intuimos: que la seguridad personal, para nosotras, es una práctica colectiva. 


    Sobre la autora

    Sara Alvarez Keller, estudiante de psicología interesada en temas sociales quien está redescubriendo sus pasiones, mientras encuentra equilibrio entre el trabajo y la universidad. Amante de los libros, el café, viajar y los atardeceres.


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  • La violencia es violencia, y punto.

    La violencia es violencia, y punto.

    No nacimos para sufrir.

    El fin de semana del 14 de febrero, fui a ver una obra de teatro con mis amigos; pero para mi sorpresa, la obra me incomodó muchísimo, por su temática. A lo largo de toda la obra, las mujeres les gritaban a sus esposos, los minimizaban o se burlaban de ellos. Y algunas personas del público se reían de eso, lo que me angustiaba aún más.

    Al finalizar el evento, el director de la obra (un amigo mío muy querido) se acercó a mí, me tomó de las manos y con gran cariño y expectativa me preguntó: ¿qué te pareció? ¿te gustó?

    Es un tema bien complejo y rudo para mí, el de la violencia, le respondí.

    De niña crecí viendo como mi madre hacía mofa continua de mi padre, lo descalificaba, lo minimizaba y a sus espaldas hablaba mal de él y de los hombres en general. Por otro lado, siempre vi un esposo y padre cariñoso, respetuoso, leal y con un corazón noble; pero que nunca supo defenderse así mismo ni a los demás, un hombre inseguro, sumiso, frágil, temeroso y que siempre hacía lo que mi madre decía y quería.

    En el discurso de mi madre siempre logré percibir su sentimiento de superioridad, grandeza y un “empoderamiento” muy violento. Además, de constantes palabras hirientes, control, frialdad, manipulación y autoritarismo hacia las personas que vivíamos con ella. En el área verbal, emocional y físico era sumamente agresiva, explosiva y violenta. Recuerdo una vez que llegó a casa y me contó que cacheteó a una vecina y no lo contaba con arrepentimiento.

    Toda la vida sentí muchísima impotencia y me dolía de gran manera ver a dos adultos (mis padres) tan frustrados, heridos y con roles tan normalizados. Ni el agresor ni el agredido son libres, ninguna postura es sana ni es natural. No nacimos para venir a esta vida a sufrir ni a llevar una cruz autoimpuesta, tampoco para quejarnos día con día de nuestra realidad, mucho menos aún, para morir como “mártires” (personas que sufren y mueren luego de mucha tortura por permanecer firme en sus creencias y convicciones).

    Hoy cuento esto y alzo la voz porque conozco muchísimos hombres violentados, humillados y con miedo de relacionarse con mujeres.

    La violencia no tiene una única vía, no podemos perder de vista que violencia es violencia y para ninguna dirección debe de ser aceptada ni tolerada.

    Recordemos que nuestra libertad llega donde empieza la libertad de la otra persona.

    Salir de un círculo de violencia es bien complejo, más no imposible. Sé que muchas veces se normaliza la violencia como forma de adaptación o sobrevivencia, otras veces se desea con todas las fuerzas salir de ahí, pero no se cuenta con los recursos necesarios para vivir de manera independiente o no hay seguridad de que alcancen y esto genera un miedo tan paralizante que puede durar años.

    Pero si hoy en día estás viviendo violencia, humillación, tristeza extrema, desesperación, desesperanza o alguna otra quiero decirte que no naciste para sufrir, no mereces permanecer ahí, mereces toda la felicidad, plenitud y alegría de la vida.

    Siempre hay otro opción, aunque nos cueste verla o tomar las fuerzas necesarias para dar ese salto al vacío. ¡Siempre hay otra opción!

    Algunos recursos de apoyo que te puedo recomendar:

    • Libros:
      • Mi niño interior de Matilde Garvich,
      • Mujer Holística de María José Flaqué
      • De regreso al hogar de María José Flaqué y
      • La maestría del amor de Miguel Ruiz.
    • Podcast:
      • Walter riso,
      • Despertando,
      • psicología al desnudo y
      • La magia del caos
    • YouTube:
      • La magia del caos,
      • Julio sin filtro,
      • Gaby Vargas,
      • Nilda Chiaraviglio
    • Apoyo psicológico:
      • María por zoom ya que es de España: (34) 6898-3170 o
      • Patricia presencial o virtual: 8815-7907 o
      • Álvaro presencial: 8349-8466
      • Método Peniel, para sanar heridas de la infancia: (506) 8491-9155

    Autora: Anonima

    Fotos: Retiro Free to Be, 2021


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  • De la desconfianza a la sororidad

    De la desconfianza a la sororidad

    “Es la amistad entre mujeres que ni siquiera son amigas”, le dice la escritora y periodista peruana Gabriela Wiener a BBC sobre la sororidad.

    Esa es la clave, y de los puntos que más me impresionan; que una desconocida sea capaz de acuerpar a una mujer, en momentos incluso poniéndose en riesgo, y no esperar nada a cambio.

    Por otro lado, me deja un sabor amargo en la boca que el 90% de agresores a mujeres sean familiares o personas cercanas a ellas, dejando en clara evidencia un opuesto casi poético entre la sororidad y la violencia de género.

    Es difícil alcanzar este nivel de compañerismo y solidaridad habiendo crecido en una estructura que fomenta y casi que impone la desconfianza entre mujeres, que no impulsa una competencia sana en ámbitos profesionales, educativos y de logros, si no en estándares de belleza inalcanzables y por la atención de hombres.

    Despojarse de tantas expectativas es complejo, no caer en el sinfín de estímulos que recibimos sobre quienes dictan nuestro pasado, presente y futuro es una lucha constante, y sólo se logra cuando alcanzamos una posición de reconocimiento y respeto mutuo. Eso es la sororidad.

    “La sororidad es un pacto político de género entre mujeres que se reconocen como interlocutoras… No hay jerarquía, sino un reconocimiento de la autoridad de cada una”, escribe Marcela Lagarde.

    Es importante luchar por la libertad, admirarnos y criticarnos conscientemente, no cayendo tampoco en un apoyo ciego que derrote el propósito de la sororidad y la hermandad. Se han escudado personas detrás del feminismo para caer en acciones racistas, xenofóbicas, clasistas e incluso machistas, valiéndose de que “las mujeres tenemos que ser sororas siempre”.

    Esto no sólo es moralmente reprochable, si no que alimenta al patriarcado a utilizar los términos como “¿no es que son sororas? ¿Dónde está el apoyo entre mujeres? ¿Y las feministas qué se hicieron? Y que en su mayoría provienen de hombres ansiosos y sedientos por tener la más mínima excusa para burlarse y violentar a las mujeres.

    Es importante recordar este contexto, especialmente ahora que se avecina el 8M, cuando escuchamos a muchas mujeres decir que quienes nos manifestamos no las representan, o que “esas no son formas” (de pedir equidad e interseccionalidad en los derechos que nos pertenecen).

    Me encantaría poder ir persona por persona, recordándoles que gracias a esas mujeres que fueron ruidosas, rebeldes, y revoltosas, es que ellas pueden votar, que pueden estudiar, que pueden trabajar y utilizar pantalones o el tipo de vestimenta que deseen.

    Pero más que eso, me genera tristeza pensar que nunca han estado en una marcha sólo de mujeres, sintiéndose enormes, fuertes, poderosas y sin miedo, acuerpadas por una y mil y una de desconocidas, brincando y cantando, gritando al unísono en una marea que suda dolor, frustración, impotencia; pero también muchísimo amor, pasión y felicidad.

    Yo marcho por mí, pero como mujer blanca reconozco mi privilegio y sé que ahí no acaba, tengo que ver más allá de mi nariz diría una de mis mejores amigas; así que marcho por ellas, por las que están, las que faltan y las que estarán.

    Por la desconocida que me cuidó en un bar hace 10 años,

    las que regalan productos sanitarios sin pensarlo dos veces,

    las niñas, las abuelas, las mamás;

    y sí, por ellas, las que no represento, las que se sienten incómodas porque como bien lo dice Catalina Ruiz-Navarro

    “la sororidad no plantea que tengamos que ser mejores amigas ni que entre todas nos caigamos bien, es entender que hacemos parte de un sistema que de alguna manera a cada una nos tiene jodidas y que nos vamos a aliar para enfrentarlo.”

    En una sociedad que nos quiere todo menos unidas, abracémonos y marchemos con la cabeza en alto siempre; y cuando alguna no tenga la fuerza, otra le pondrá su hombro y entre todas seguiremos luchando, incomodando y existiendo.

     


    Sobre la autora

    Sara Alvarez Keller, estudiante de psicología interesada en temas sociales quien está redescubriendo sus pasiones, mientras encuentra equilibrio entre el trabajo y la universidad. Amante de los libros, el café, viajar y los atardeceres.


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  • Mi cara de cvlö y Medusa

    Mi cara de cvlö y Medusa

    Lecciones de una diosa sobre el poder de la fealdad

    Una expareja solía decirme que mi enfado (o más concretamente mi cara de cvlö) le asustaba. Fue gracias a él, gracias a la pirotecnia de nuestra dinámica conflictiva, que conocí mi capacidad de sentir rabia.

    ¿Sabes lo que se siente encarnar la palabra “furiosx” mientras tu ira te acompaña por la calle? ¿Escuchar música metal (que de paso odias) al máximo volumen para no tener que gritar solx? ¿Quedarte mudx de rabia, palabras perdidas del todo en la tormenta de nieve que cubre tu mente?

    Yo no lo sabía. Pero ahora lo sé.

    Recientemente, he estado profundizando en una amplia gama de interpretaciones y reconstrucciones del mito de Medusa. Investigación de mercado, por así decirlo, para un nuevo proyecto que estaba co-creando, Medusa Media Collective.

    Abundan los recuentos feministas de su historia. Sobreviviente, rebelde, víctima, bruja: Medusa también puede ser un símbolo de subversión, de resiliencia y del ciclo vital de destrucción y creación.

    Quizás mejor conocida por las serpientes en su cabello, la mirada de Medusa, como se menciona en la Ilíada de Homero, es igualmente fascinante.

    “El ojo de Medusa se petrifica. Su “mal de ojo” trae la muerte. ” —Miriam Robbins Dexter, Ph.D.

    ¿Qué tipo de expresión, cuando se encuentra en el rostro de una mujer, es tan aterradora que puede convertir a la gente en piedra? Mi conjetura: su “cara de cvlö” (un término, dicho sea de paso, que elijo adoptar). 

    Ya sabes, aquella cara que viene con rabia cegadora y música metal. Es tan escalofriante que los hombres de todo el mundo tengan que rogar a las mujeres que sonrían en la calle. Desde los antiguos hasta los modernos, a nadie le gusta una mujer enfadada; por eso aprendemos desde pequeñas a mantener esas cosas bajo control.

    Sin embargo, si bien esta mirada puede traer la muerte, no creo que sea “mala”. Más bien creo que ha sido villanizado, demonizado junto con la ira de las mujeres. 

    La ira no es mala, pero es transformadora. Y el cambio da mucho miedo. Terror, incluso.

    Ese compañero mío me dijo que mi ira era fea y aterradora. No podía soportar mirarlo.

    Lo que fue mucho más perturbador fue que por un momento le creí. Me alejé de la fealdad de mi propia ira, por miedo a que me convirtiera en piedra.

    Aceptando la ira como agente de cambio: aprendizajes de Medusa

    Por supuesto, este no fue el caso. Quizás la mirada de Medusa provoque otro tipo de muerte: la destrucción creativa, la muerte necesaria de lo viejo para crear espacio para lo nuevo. Muerte como transformación. Mi ira nos petrificó a ambos, pero finalmente me permitió quemar viejos ciclos y crear nuevos, lejos de las personas que desmembrarían mis emociones menos “atractivas”. Y ahí radica la otra interpretación del “mal de ojo”, la ira que nos protege, aleja las malas intenciones y las devuelve a quienes quieren hacernos daño.

    Las relaciones desafiantes generalmente se compensan con ciertos dones, y este me brindó una familiaridad íntima con mi ira, que apenas había tocado antes. Me tomó mucho tiempo dejar de lado esa ira cuando ya había excedido su bienvenida. Creo que es porque se sintió bien…

    Mi ira me prendió fuego y forjé muchas cosas en esas llamas: proyectos creativos, negocios, fuerza, hermandad. Las semillas se abrieron en ese calor destructivo y dieron origen a nueva vida. Y cuando me ayudó, lo dejé en un estante fuera de mi alcance, allí si alguna vez lo necesitaba. Sólo ahora recuerdo darme la vuelta y decirle “gracias” a la cara de cvlö, la “fealdad” que me dio tanto poder, protección y vida, tal como se decía que hacían las efigies de Medusa en los lugares y ciudades sagrados.

    Hasta ahora, todavía no podía decidir si arrepentirme de mi fealdad, mi ira, mi cara de cvlö… o deleitarme con ella. Sin embargo, cuanto más me adentro en las cuevas serpenteantes de la tradición de Medusa, más seguro estoy de que debo abrazar este poder, ignorando precisamente las instrucciones del patriarcado de decapitarlo y mirar hacia otro lado con vergüenza, disgusto y miedo.

    Medusa me sisea desde las sombras: “No les escuches, cariño. ¡Tu cara de cvlö es hermosa!

    ¿Y sabes qué? Hoy le creo.


    Publicado originalmente en el blog de Medusa Media Collective.


    Sobre la autora

    Toby Israel es la fundadora y facilitadora de Mujeres Fuertes Autodefensa. Instructora de defensa personal (Certificación Completa, ESD Global, Formadora de Instructoras, Credencial ESDP con la Association of ESD Professionals) y maestra de yoga, facilita retiros y talleres para inspirar y transformar a partir de la conexión con nuestra fuerza interior. Vino a Costa Rica en 2017 para sacar su maestría en la Universidad para la Paz. Se quedó por el sol, la papaya y la comunidad.

    Toby Israel is the founder of Mujeres Fuertes Costa Rica. As an Empowerment Self-Defense instructor (full certification and trainer of trainers, ESD Global) and yoga teacher, she facilitates retreats and workshops to inspire and transform through our connection with our inner strength. She came to Costa Rica in 2017 to complete her Masters at the University for Peace. She stayed for the sunshine, the fruit, and the community.


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  • Mentiras que nos cuentan a las mujeres

    Mentiras que nos cuentan a las mujeres

    mujeres fuertes autodefensa

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  • La Niña Buena

    La Niña Buena

    Fui criada, educada y motivada con valores que me guiaron hacia el comportamiento de una “niña buena”, y no lo considero una queja; comprendo que lo hicieron para asegurarse de que tuviera las herramientas necesarias para enfrentar la vida como la sociedad “manda”.

    Nos damos cuenta que una mujer fue enseñada a ser “buena” cuando permanece en silencio la mayoría del tiempo, sin alzar la voz o expresar opiniones de manera contundente. Es una niña, adolescente o mujer cuidadosa, pulcra y que evita ensuciarse. Posee una sonrisa constante y una cara simpática. Se espera que esté disponible para las demás personas, sirviendo cuando es necesario, y que mantenga una apariencia física delicada, incluso cerrando las piernas.

    Te reto a que imaginés a una niña inadecuada, y notarás que no la encontrarás en mi descripción, llegando incluso a sentir cierta incomodidad al intentar hacerlo.

    Tras vivir diversas experiencias, sumergirme en la lectura de varios libros de desarrollo personal y feminismo y participar en el taller de Autodefensa Holística de Mujeres Fuertes, he descubierto métodos, herramientas y formas de expresión que me han permitido abrazar mi lado de la “niña mala”.

    Aprendí a escuchar mis necesidades y establecer límites claros, identificando dónde no deseo estar y con quiénes no debería compartir mi tiempo de manera más definida. Desarrollé la habilidad de decir no, de discernir dónde no quiero estar y con quién no quiero relacionarme, de una manera más clara y precisa. Por mencionar algunas cosas, en el proceso sigo evolucionando.

    Ahora, he cultivado la capacidad de escuchar mi intuición y, lo que es aún más importante, de seguir sus indicaciones. He adquirido herramientas para distanciarme, para alejarme de situaciones donde no me siento valorada, y para compartirme solo en lugares donde mi autenticidad es apreciada.

    Me he vuelto consciente de mi poder interno y de mi capacidad para expresar lo que siento en lo más profundo de mi corazón.

    Sin embargo, en este proceso también he experimentado miedo, rechazo y dolor. Me he encontrado con personas en mi camino que se molestan ante mis límites, gente que no está dispuesta a escucharme y situaciones manipuladoras. He notado la presencia de aquellos amigos, familiares y conocidos que anhelan a la niña buena y sumisa que decía sí a todo, que obedecía sin cuestionar.

    Esta dinámica activa en mí mecanismos de autorrepresión, rondando la idea de regresar a mi antigua yo para evitar el juicio, el castigo o la desaprobación.

    El poner un límite y perder una persona o una relación, incluso una posición social duele. Pero al largo plazo, duele más despriorizarme y mis necesidades, serme infiel.

    Unos consejos para mí y para vos que empezaste a ser niña mala:

    1. Uso mi intuición para tomar decisiones. 

    2. Ya no me involucro o trato de no estar en lugares que impliquen sobrevivencia, sé que es más fácil poner límites en lugares de ternura. 

    3. Uno de mis no negociables es que cada persona puede definir sus límites pero si alguna de las dos partes no acepta negociar, conversar o al menos respetar ese límite y cierra la puerta a la conversación, no voy a continuar con esa relación (trabajo, pareja, familia, amigos). 

    4. En el último año, mi niña y mujer mala se atreve a tirarse al agua y decir mis límites y necesidades a viva voz, aunque vaya a caer mal. Sé que la persona que más pierde cuando se me irrespeta un límite soy yo misma. 

    5. Tengo espacios de meditación para sentir que me pasó por el cuerpo cuando puse un límite, qué reacciones recibí y qué deseo hacer como siguiente paso.

    6. Yo misma cuido mis límites en cuanto pueda, a veces nosotras mismas los sobrepasamos. 

    7. Leo, me capacito y me trabajo en terapia todo aquello que me permite tener herramientas para sentirme segura a nivel nervioso y emocional, cuando pongo un límite (trauma, paradigmas, sistema nervioso, mecanismos de defensa, etc).


    Sobre la autora

    Como instructora de autodefensa holística y facilitadora de equipos, Ann Hillary especializa en utilizar herramientas lúdicas y de reflexión para fomentar el empoderamiento y la confianza. Con títulos en violencia de género y sensibilidad al trauma, diseña conversaciones significativas en torno al síndrome de la impostora, apoyando a mujeres a reconocer y superar sus barreras internas.


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