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  • Sobre el feminismo tóxico

    Sobre el feminismo tóxico

    El camino desde lo divino femenino hacia la manosfera

    En resumen: El problema no son las palabras que usan ni los desafíos que describen. El problema es asignarle un género a los problemas humanos universales y fundamentales, y luego ignorar los sistemas -el capitalismo, el colonialismo, el chauvinismo- que nos llevaron hasta ese lugar y quizás ataron estos problemas a los temas de género.

    Es muy sigiloso. Este lenguaje hegemónico que refuerza el statu quo se encuentra en memes y reels que ofrecen consejos sobre relaciones interpersonales, podcasts sobre sanación y política, y en las habladurías de personajes famosos como Scott Galloway, Mark Zuckerberg y Joe Rogan. 

    Es un salto corto hacia ideas peligrosas y consecuencias en el mundo real .

    Hace poco, mi pareja me envió un podcast sobre relaciones. Él escuchó una conversación inspiradora sobre crecimiento personal y relacional; yo, por otro lado, no pude escuchar otra cosa más que roles de género normativos y subtextos antifeministas y misóginos a través del episodio.

    Los subtextos eran sutiles. Como las huellas de la IA: si no las estuvieras buscando, probablemente no las notarías. Pero una vez que las ves, no puedes dejar de verlas.

    Para resumir el lenguaje que encontré problemático… 

    • Eran las referencias despectivas al “feminismo tóxico”, la alusión obsesiva a la “mujer radiante” y el uso excesivo del término “la mujer moderna” (que aparentemente, está tratando de “actuar como los hombres”).
    • Era el refuerzo sutil de la idea del “hombre de alto valor”, incluso mientras lo criticaban, y era la insistencia casual de que “no todos los hombres”.
    • Era la ilusión de la pericia oscurecida por estadísticas imprecisas que provenían de “investigaciones” y la ilusión de profundidad que el término “somático” proporcionaba a cada idea.

    Pero, en realidad, no era el lenguaje. No exactamente.

    Porque yo también encuentro interesante explorar cómo el doble estándar para las mujeres hace que sea un desafío equilibrar la fuerza y la suavidad, el empoderamiento y la ternura, el liderazgo y la confianza. Pero ¿sabes qué? Sospecho que los hombres experimentan desafíos similares, al igual que las personas no binarias y de género queer. Solo es una suposición. (Nota al pie: Otra objeción que tengo con todo este discurso de lo divino femenino/divino masculino, alfa masculino/delicadeza femenina es cómo borra (intencionalmente o no) a tantas personas que no se identifican con las presentaciones de género “tradicionales”).

    Yo también amo a los hombres, quiero ser abrazada a veces y me canso de cargar tanto en mis hombros.

    Yo también me preocupo por las tasas abrumadoras de soledad, depresión, suicidio y violencia doméstica, síntomas de una sociedad que se está desmoronando.

    Nos gustan las palabras de moda. Por supuesto que queremos ser radiantes, empoderadas, saludables, estar sanas, exitosas, conectadas, apoyadas, realizadas…

    Estas palabras, que aparecen en tantos memes, podcasts e incluso en la retórica política, no son (exactamente) el problema. El problema es la forma en que se presentan, la falsa asociación de estos elementos o temas con roles de género. La culpa al feminismo por el disconfort de la “mujer moderna”. La promesa engañosa de que si simplemente “ensuavizamos” todo, mejorará espontáneamente. 

    Porque no. La “suavidad” no es una solución mágica.

    ¿Es un ingrediente necesario para sanar la humanidad? Sí.

    ¿Es una respuesta radical a un mundo duro que se endurece cada vez más? También sí.

    Pero ¿resolverá la pandemia de violencia patriarcal? No sin una dosis de equidad, educación, justicia, empoderamiento y, simplemente, el desmantelamiento de una visión del mundo en la que “femenino” o “feminidad” implica debilidad o subordinación.

    Es agotador luchar contra esta nueva ola de retórica, esta comprensión errónea de perspectivas filosóficas y espirituales antiguas sobre la energía (como yin/yang, shiva/shakti) y proyectarlas sobre una visión occidental, patriarcal y posiblemente imperialista de roles de género binarios.

    El problema no es investigar por qué los hombres se sienten perdidos hoy en día, o por qué las mujeres están cansadas; ¡claro que son preguntas importantes!

    El problema es, primero, etiquetar cualidades como “liderazgo” como masculinas, y segundo, señalar la “masculinidad” de las mujeres como la causa de los problemas en las relaciones en lugar de enfrentar los valores profundamente arraigados que no permiten que ninguno de nosotros exprese nuestra humanidad plena.

    Dentro del hoyo del conejo de la manosfera

    Las mujeres que “actúan como hombres” ha sido una vieja queja reciclada a través de las generaciones -desde que las mujeres nos unimos a la fuerza laboral, cuando usamos pantalones, cuando obtuvimos el voto, cuando al montar a caballo colocamos una pierna a cada lado, cuando rechazamos la idea de la “perfecta felicidad doméstica”- para avergonzar a las mujeres y hacerlas volver a su lugar. Hoy en día, es una trampa fácil pasar de estos comentarios (supuestamente) inocentes hacia territorios mucho más oscuros en internet: 

    • Desde las mujeres que quieren conectar con su sensualidad (¡genial!) hasta las mujeres y hombres que denigran a cualquier persona cuya expresión de género no se ajuste al esquema de la década de 1950.
    • Desde los hombres que buscan crecer y alcanzar su potencial (¡genial!) hasta los “coaches que ofrecen la píldora roja” y hablan de personas “de alto valor” (¿en oposición a las de bajo valor?) y de obtener lo que “mereces” si pagas por una cita.
    • Desde un adolescente que busca consejos sobre citas (¡que tierno!) hasta Andrew Tate.
    • Desde los “buenos chicos” que intentan encontrar una novia (claro) hasta #notodosloshombres que pasan por alto el daño causado por violadores, traficantes y asesinos.

    Piénsalo como un embudo. En su punto más ancho, el embudo captura a casi todos nosotros con referencias casuales de “el problema con los hombres” o “la mujer moderna”. Es tan amplio, tan trivial, tan universal, que la mayoría de nosotros podemos identificarnos con algo de esto: ¡Sí! ¡Me siento cansadx! ¡Sí! ¡Hemos perdido nuestra chispa! ¡Sí! ¡Me siento solx! ¡Sí! Las mujeres están haciendo demasiado, los hombres están luchando, todxs estamos abrumados, no nos aprecian, estamos confundidxs, perdidxs, etc. etc. etc.

    Sin embargo, gracias a las maravillas del internet y la lógica algorítmica de las redes sociales (la cual tiende a la radicalización), un usuario puede pasar rápidamente de “consejos sobre citas” a contenido incel que llama a la violencia contra las mujeres. Un usuario desprevenido que lee sobre “cómo conectar con su sensualidad” puede descubrir rápidamente a una serie de coaches que explican con confianza que el feminismo es el verdadero problema.

    Esto es lo que yo llamo el “puente desde lo divino femenino hacia la manosfera”.

    Sin embargo, puedes amar a los hombres y aún así reconocer que ellos cometen el 90-95% de los crímenes violentos. Podemos criticar nuestra fatiga colectiva hacia el dating moderno, la cultura laboral, el capitalismo o cualquier otra cosa sin usar al “feminismo tóxico” como la fuente de nuestro descontento.

    Quizás lo que yace en la profundidad es que tendemos a hacer que lo personal sea universal, y lo universal personal. Queremos un hombre que pague todo (como preferencia personal); por lo tanto, los hombres que pagan por cosas son universalmente mejores o más masculinos. Sin embargo, cuando mencionamos estadísticas sobre, por ejemplo, la violencia doméstica (estadísticamente, un problema universal), son solo unas cuántas manzanas podridas. Los traficantes de niños son monstruos. Un tiroteo masivo es culpa de los padres.

    Nunca eres tú o los hombres que conoces. Sin embargo, tu soledad debe ser parte de una epidemia.

    Mi diario casi se desborda en los márgenes mientras redacto este ensayo. Notas al margen y asteriscos abundan. Es demasiado para capturar en solo unas pocas páginas; no sé por dónde empezar cuando las bases de esta premisa son huecas, podridas, y se desmoronan. Si yo creo que el género es un constructo, y uno bien pésimo, que causa daño real en el mundo, y tú crees que es una realidad biológica, ¿hay algún espacio para una conversación significativa?

    En lugar de eso, quizás podemos mirar solamente los resultados. Lee este informe sobre cómo los hombres jóvenes están usando internet y cómo está distorsionando su percepción de las mujeres.

    Escucha a más mujeres, personas queer, personas de color, personas fuera de tu burbuja.

    Escucha críticamente cuando un podcaster o influencer lanza términos como “divino femenino”, “hombre de alto valor”, “feminismo tóxico”, “la epidemia de soledad masculina” o “la mujer moderna”.

    No solo te preguntes si “suena bien” (¡porque si se ajusta a la visión del mundo en la que la mayoría de nosotros fuimos socializados, sonará bien!); más bien, pregunta a quién están beneficiando esas palabras.

    Pregúntate, ¿esta narrativa desafía el statu quo, o lo refuerza?

    Y si es la segunda, pregúntate, ¿son estos los caminos retóricos que quiero profundizar en mi propia mente?

    Y una última pregunta: ¿Quiero contribuir a un mundo donde la empatía, la suavidad y el cuidado—el liderazgo, la fuerza y la disciplina—pertenezcan solo a la mitad de la población? ¿O quiero construir uno donde lo mejor de nuestra humanidad esté disponible para todxs? 


    Traducido por Iaris del inglés. Originalmente publicado en Substack.


    Sobre la autora

    Toby Israel es la fundadora y facilitadora de Mujeres Fuertes Autodefensa. Instructora de defensa personal (Certificación Completa, ESD Global, Formadora de Instructoras, Credencial ESDP con la Association of ESD Professionals) y maestra de yoga, facilita retiros y talleres para inspirar y transformar a partir de la conexión con nuestra fuerza interior. Vino a Costa Rica en 2017 para sacar su maestría en la Universidad para la Paz. Se quedó por el sol, la papaya y la comunidad.

    Toby Israel is the founder of Mujeres Fuertes Costa Rica. As an Empowerment Self-Defense instructor (full certification and trainer of trainers, ESD Global) and yoga teacher, she facilitates retreats and workshops to inspire and transform through our connection with our inner strength. She came to Costa Rica in 2017 to complete her Masters at the University for Peace. She stayed for the sunshine, the fruit, and the community.


    Sobre Mujeres Fuertes Autodefensa

    Mujeres Fuertes es un proyecto de autodefensa apoyando a todas las personas a vivir una vida libre de miedo y llena de confianza.

    Aprovechen nuestros recursos digitales de autodefensa:

    • Un blog con docenas de artículos sobre la autodefensa, la prevención de violencia, y otros temas relacionados.
    • Un canal de YouTube con MUCHOS talleres de autodefensa grabados.
    • Un handbook en formato PDF ilustrado explicando todas las técnicas.
    • Un curso digital autodidacta.
  • Tu voz es poderosa, por eso le tienen miedo.

    Tu voz es poderosa, por eso le tienen miedo.

    En muchos países del mundo patriarcal, las mujeres han luchado por sus derechos y los han obtenido aunque el sistema persista. Una vez conseguidos, tener esos derechos vuelve a sentirse como lo normal. Efectivamente, debería ser la realidad normal que todos los seres humanos tengan los mismos derechos según la ley y también el mismo acceso a servicios públicos, educación, y participación cívica. 

    Por muy normal que parezca para las mujeres y otros grupos marginados poder participar en la vida de la misma manera que los hombres blancos, las estructuras coloniales y patriarcales insisten en perpetuar la violencia, y los derechos pueden ser arrebatados injustamente dependiendo de qué grupo de hombres inseguros acceda al poder.

    ¿Por qué los hombres que tienen el poder en la jerarquía que inventaron sienten la necesidad de legislar sobre lo que las mujeres pueden y no pueden hacer? Yo creo que todo tiene el origen en el miedo a la voz poderosa que naturalmente tienen las mujeres.  

    Por ejemplo, en Irán, las mujeres sufren discriminación en la ley y en la práctica de maneras que impactan profundamente sus vidas, particularmente en el matrimonio, el divorcio y la custodia. Las leyes sobre el hiyab obligatorio han afectado todos los aspectos de la vida pública de las mujeres en Irán desde la revolución de 1979. En el Irán actual, el acceso de las mujeres al empleo, la educación, las prestaciones sociales y una atención sanitaria adecuada, incluso la simple existencia en público, depende del cumplimiento de las leyes sobre el hiyab, que se aplican rutinariamente mediante una red de normas e interpretaciones arbitrarias por parte de agentes estatales y empresas.

    Antes de 1979, existía también una Ley de Protección Familiar que posteriormente fue suspendida. La suspensión de esta ley negó a las mujeres el derecho a demandar el divorcio, otorgó automáticamente la custodia de los hijos a los hombres, prohibió a las mujeres ejercer como jueces y redujo la edad legal para contraer matrimonio de 18 a 9 años para las niñas.

    En 2022, las mujeres iraníes protestaron contra la muerte de Mahsa (Jina) Amini, quien se encontraba bajo custodia de la policía moral. Las protestas incluyeron a mujeres que desafiaron las leyes sobre el hiyab obligatorio, y fueron recibidas con una reacción violenta. Meses después, el derecho de la mujer a elegir su forma de vestir siguió siendo el centro del movimiento de la protesta.

    En Afganistán, los talibanes también han estado despojando cada vez más de sus derechos a las mujeres. Recientemente, promulgaron una nueva ley que les prohíbe cantar en público. También les prohíben leer, recitar poesía e incluso reír. Esta nueva ley establece que si una mujer está fuera de su hogar, su voz no debe ser escuchada.

    La ley otorga al Viceministerio de Propagación de la Virtud y Prevención (la policía moral de los talibanes) plena autoridad para aplicar un código de conducta a todos los ciudadanos afganos, que afecta tanto a hombres como a mujeres.

    ¿Quizás eso significa que Estados Unidos debería intervenir y salvar a las mujeres de regímenes opresivos? Para nada. Estados Unidos siempre ha usado el pretexto de las violaciones de derechos humanos en otros países como excusa para entrar y presentarse como héroe, cuando en realidad sus intenciones son sistemáticamente la extracción de recursos y la dominación económica. Además, los derechos de las mujeres en Estados Unidos tampoco están a salvo. Una verdad que se ha vuelto evidente con leyes que restringen las libertades reproductivas e incluso con algunos políticos que hablan de quitarlas del derecho al voto. En los Estados Unidos ni cuentan oficialmente los femicidios, así tan poco importan las vidas de las mujeres allí. Dudo que Estados Unidos se preocupe más por las mujeres en Afganistán que por las mujeres en su país, lo cual no es en absoluto. O solo como contenedores para la reproducción.

    En todo el mundo, el 40% de los países limitan el derecho de las mujeres a la propiedad. Veintiocho países carecen de legislación para abordar la violencia doméstica. El 30% de los países aún restringen la libertad de movimiento de las mujeres, y dieciséis países no consideran que el testimonio de las mujeres tenga el mismo peso probatorio en los tribunales que el de los hombres.

    Afganistán, bajo el régimen talibán, es uno de los países con las restricciones más opresivas para las mujeres, pero no siempre ha sido así. Lo mismo ocurre en Irán.

    De hecho, las mujeres (y todos los demás grupos marginados) de todo el mundo siguen luchando por obtener derechos y vivir con una mayor libertad de movimiento, acceso y participación, solo para volver a estar decepcionadas cuando sus derechos están arrebatados de nuevo a medida que el poder cambia de manos dentro de los mismos sistemas patriarcales.

    Así nos queda claro que bajo el sistema actual, no tenemos derechos de verdad, tenemos solo privilegios temporales.  

    Desde que los talibanes han reforzado su control sobre las mujeres y toda la población de Afganistán, los problemas de salud mental se han intensificado, con un drástico aumento de las tasas de suicidio.

    ¿De qué sirven las leyes si hacen que la población quiera morir? ¿De qué sirven las normas si privan a la gente de todo lo bueno y obligan a los miembros de la sociedad a la soledad y la depresión? ¿Qué sentido tiene una sociedad si no es ser una forma colaborativa y solidaria de existir como seres humanos?

    Hay quienes argumentan que el patriarcado es natural. (También argumentan que la colonización es natural. Que la esclavitud fue buena para los esclavizados.) Si el patriarcado fuera natural, no tendrían que prohibir nuestras voces, nuestras canciones, nuestra risa y nuestra alegría. Si fuera natural, no tendrían que golpearnos, quemarnos ni manipularnos para que nos sometiéramos. No nos habrían operado el cerebro cuando mostramos emociones u opiniones. No limitarían nuestro movimiento. No tendrían que robarnos nuestras ideas e inventos y venderlos como propios. No intentarían controlar nuestras decisiones sobre cuándo, cómo y con quién nos reproducimos. No verían la violación como una estrategia de guerra. No temerían nuestra capacidad de educarnos. No intentarían engañarnos haciéndonos creer que somos indefensas, estúpidas o ineptas.

    El patriarcado no es el orden natural solo porque los hombres tengan más masa muscular o cualquier otra razón que usen para convencernos.

    La supremacía no es natural. El sistema que promueve la supremacía no funciona para la mayor parte de la humanidad.

    Durante miles de años, los sistemas patriarcales han oprimido a las mujeres, las estructuras coloniales han oprimido a los pueblos indígenas, las religiones fundamentalistas han oprimido a las personas LGTBIQ+, a las personas queer y a las mujeres. En general, estos sistemas violentos colaboran entre ellos como fuerzas opresivas.

    Sin embargo, donde ha habido opresión, ha habido resistencia.

    La resistencia comienza en nuestras mentes.

    Cada vez que a las mujeres se les prohíbe hacer algo o participar en algo, debemos empezar con una pregunta: ¿por qué?

    Las mujeres tienen el poder de crear vida y los hombres temen ese poder. Nuestras voces e historias tienen poder. Nos liberan y nos conectan con quienes nos rodean. Nuestras canciones y poemas tienen poder. Nuestra risa tiene poder. En cada uno de ellos reside nuestra capacidad de creación.

    Si no fuera tan rabioso y devastador, sería casi ridículo ver a los hombres intentar arrebatarnos este poder. En cambio, los vemos torpemente intentando crear sociedades, los vemos librar guerra tras guerra, y nos vemos a nosotras mismas siendo las víctimas de sus débiles intentos.

    Hay muchas maneras de resistir y muchos roles dentro de los movimientos de resistencia. La resistencia funciona mejor si es creativa, estratégica, satírica, absurda y divertida. 

    Quienes usarían la violencia como forma de control odian que nos divirtamos.

    En Afganistán, las mujeres afganas han estado cantando esta canción y otras, y publicando videos en redes sociales.

    Aquí estamos, las mujeres, el mundo,

    Cantando libertad como un pájaro.

    ¡Levántense, mi gente!

    ¡Levántate, amiga mía!

    Sus botas pueden posarse sobre mi cuello.

    O sus puños en mi cara.

    Pero con nuestra intensa luz interior

    Lucharé hasta el final.

    En Irán, las mujeres se alzan contra la vestimenta obligatoria.

    En Corea, y ahora en otros lugares, las mujeres están iniciando el modelo 4B, donde se niegan a tener relaciones, matrimonio, citas y tener hijos con hombres.

    El 8 de marzo, el 25 de noviembre y tantos otros días, las mujeres de todos los países se reúnen para marchar y expresarse.

    En todo el mundo, las personas oprimidas resisten. Porque ellas, nosotras y todos los seres humanos no estamos destinados a vivir bajo el control violento de ningún otro ser humano. Y ninguna de nosotras será verdaderamente libre hasta que todas lo seamos.

    Por eso debemos seguir creando arte y escribiendo poesía. Debemos seguir marchando, gritando y lamentándonos por nuestras hermanas que hemos perdido a causa de la violencia masculina. Debemos seguir cantando. Compartiendo nuestras historias. Transmitiendo nuestras recetas y nuestra sabiduría a nuestras hijas. Riendo y bailando. Por eso debemos seguir hablando.

    _______________________

    1 Se practicaban lobotomías a mujeres como supuesto tratamiento para la histeria.

    2 A lo largo de la historia, los hombres han robado los inventos de las mujeres, y les han atribuido sus ideas y su trabajo.

    3 Los lugares con leyes estrictas sobre el aborto también tienen menos servicios de atención para mujeres y niños.

    4 La violación no es sólo una acción de soldados rebeldes, sino una estrategia de guerra.


    Sobre la autora

    Amy es facilitadora de defensa personal, certificado de Nivel 1 por ESD Global en 2018. Vive en Playa Samara donde facilita clases, cursos, y talleres de defensa personal. Amy también es escritora, editora, e instructora de yoga. Le gusta bailar, caminar en la playa con su perrita, reírse con amigas y combatir el patriarcado con sus palabras escritas.

    Amy is a Level 1 self-defense facilitator certified by ESD Global in 2018. She lives in Samara, costa Rica, where she facilitates self-defense classes, courses and workshops. Amy is also a writer, editor, and yoga instructor. She likes to dance, walk on the beach with her dog, laugh with friends, and fight the patriarchy with her written words.


    Sobre Mujeres Fuertes Autodefensa

    Mujeres Fuertes es un proyecto de autodefensa apoyando a todas las personas a vivir una vida libre de miedo y llena de confianza.

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  • La empatía y la justicia social

    La empatía y la justicia social

    Un mensaje de Toby Israel, fundadora de Mujeres Fuertes

    Recién me enteré que alguien ha estado difundiendo información falsa sobre mi y mis opiniones políticas. Normalmente, no respondería a la difamación, pero además de eso, varias personas de nuestra comunidad me han preguntado sobre mi perspectiva sobre Israel-Palestina en los últimos meses.

    Si me conocen por los talleres de autodefensa, seguramente se han dado cuenta que en mi rol de gestora de Mujeres Fuertes no hablo mucho sobre mi – ni mi religión, ni mi familia, ni mi vida personal, ni mi política.

    Eso no es casualidad. Como conversamos en nuestras capacitaciones de instructoras, todo lo que hacemos como facilitadoras, lo hacemos con la intención de apoyar a nuestras participantes. Cada decisión que he tomado en mis 7 años de construir y gestionar este proyecto es la que – creo, espero – mejor apoya nuestra misión: brindar herramientas de autodefensa holística a todas las personas posibles.

    He sentido, y sigo sintiendo, que es el mejor para nuestra mision estar muy selectiva con cuando y porque comparto mis historias y opiniones personales por estos canales.

    Y claro, la interseccionalidad está al corazón de nuestra metodología. La autodefensa y la lucha contra la violencia patriarcal es y debería estar entrelazada con otras luchas, entre ellas contra el colonialismo, el racismo, la intolerancia, y la destrucción ambiental.

    Y, nuestra presencia digital, bien como nuestros talleres presenciales, busca impartir información específica sobre técnicas físicas y verbales para la defensa personal y comunitaria. Es nuestro enfoque que nos ha permitido tener el impacto que tenemos. No quiero y no permitiré que el discurso polarizado de nuestros tiempos obstruya ese impacto. 

    En nuestra comunidad existen, les aseguro, muchas perspectivas distintas sobre temas sociales, políticas, espirituales, íntimas, y filosóficas. No todas estarán de acuerdo conmigo (y eso está bien!), pero yo creo que esa diversidad – y el aprender cómo sostenerla con compasión y amor – es clave para construir una red fuerte.

    Me entristece profundamente cuando veo la polarización (en esta comunidad y muchas otras) dividir personas buenas que tal vez hubieran podido ser aliadas. Me entristece y me duele ver mentiras sobre mi persona usadas para alimentar esa misma polarización.

    Aquí, no tenemos que ser amigas para ser hermanas. Nos une una pasión compartida por la autodefensa holística y la prevención de violencia.

    A la vez, muchas de ustedes no son solamente colegas o alumnas, sino también amigas. Como amiga, tengo que reconocer que tampoco no he compartido todo. He tenido el privilegio de vivir muchas vidas en una. Me apasionan muchas cosas. Son pocas las personas con las cuales comparto todo, y mucho menos en las redes sociales. 

    Ya hace rato que elijo minimizar mi tiempo en estos espacios virtuales. Me parece que las tecnologías informáticas, estructuras capitalistas creadas para comodificar nuestra atención, nuestro dolor, nuestra rabia, nuestro miedo, y nuestro deseo, simplemente no pueden aportar a las conexiones y conversaciones que yo deseo desarrollar.

    ~

    Todo eso dicho, agradezco a las amigas que me han aconsejado que compartir un poco más sobre mi conexión con Israel-Palestina y la lucha para la paz, libertad y seguridad de todes en esa región, podría aportar algo de valor aquí.

    https://www.youtube.com/watch?v=GWR58m2a6iA

    Tenía 16 años la primera vez que escuché la palabra “nakba”. Ha sido uno de los trabajos mas importantes de mi vida adulta reconciliar la historia de Israel que aprendi como niña – una historia de esperanza, de supervivencia – con la historia de Palestina – una historia de perdida, colonización, y ahora genocidio. Escribí mi tesis en la antropología sobre la identidad de mujeres judías. Hice mi maestría en la universidad de la paz, lo cual me trajo a Costa Rica. Durante un año y medio, desde 2023, colaboré con Peace Activation, una organización bien alineada con mi perspectiva sobre la paz y la importancia de la empatía en la transformación de conflicto, y la cual recomiendo a cualquier persona que busca un espacio de escucha y activismo con alma.

    Creo que todes saben – o asumen – que soy judía. Muchas saben que una parte de mi familia ahora vive en Israel, incluso mi hermano, mi sobrinita, y mi sobrinito, unas de las personas mas importantes para mi. Quiero un mundo diferente para ellos – y para todos nosotros. 

    Mi herencia como mujer judía, y como la nieta de sobrevivientes del holocausto, esta en mi ADN, mi alma, y mi compromiso con la justicia social. Está al corazón de mi trabajo con Mujeres Fuertes, mi pasión por la paz, y mi creencia profunda que cada persona es sagrada y digna de libertad y seguridad.

    Por esa misma creencia, denunció al gobierno estadounidense por su responsabilidad directa en los ataques de Israel contra la vida y la seguridad de la población palestina, como principal proveedor de armas. 

    Denuncio al gobierno israelí por su genocidio en Gaza, lo cual ha matado mas de 60.000 personas palestinas en los ultimos 16 meses, y por sus décadas de colonialismo. Cito el nuevo reporte de B’Tselem lo cual confirma que, “La evidencia muestra un desmantelamiento deliberado y sistemático del sistema de salud de Gaza y otros sistemas vitales necesarios para la supervivencia de la población.”

    Y denunció a Hamás por su ataque contra Israel el 7 octubre de 2023, matando a 1.200 personas y tomando más de 240 rehenes.

    Yo, como muchos de ustedes, siento rabia, impotencia, y muchísimo dolor. Siento miedo todos los días para las personas que amo – y para las personas que no conozco, pero que amo también.

    Entiendo el impulso de canalizar esa rabia, dolor, y miedo hacia las personas que quedan a nuestro alcance. Pero les recuerdo que:

    1. Son los gobiernos los que fabrican, venden, y lanzan bombas, y que más merecen nuestra rabia.
    1. que el odio nunca nos acerca a la paz. No hay lugar en la comunidad de Mujeres Fuertes para discurso intolerante, deshonesto, o violento hacia ningún grupo de personas. Denuncio el antisemitismo, la islamofobia, y la intolerancia en todas sus formas.
    1. Que cuando la impotencia nos vuelve locas, seguir caminando, con pasos sólidos y conscientes, hacia el mundo que queremos construir – agregar nuestra gota de agua al mar de cambio – nos enraiza en nuestro poder.
    1. Que no estamos libres hasta que todes estén libres. Mi libertad, nuestra libertad está profundamente conectada a la de cada otra persona. Y si no podemos coexistir y respetarnos en nuestras comunidades pequeñas, no hay mucha esperanza para el mundo.

    ~

    Performar nuestras opiniones no es lo mismo que habitarlas. Repito un hecho que me parece cada vez mas importante: Mucho del trabajo más importante–escuchar, educarnos, deconstruir las identidades que heredamos, y tener conversaciones difíciles, aun cuando nadie está mirando–es lento, a veces aburrido, e invisible. Ese trabajo alimenta un cambio social sostenido.

    No es para decir que el activismo digital no tiene impacto, claro que sí. Pero no es el único impacto.

    ~

    Creo que debemos expandir nuestra imaginación de lo posible si aspiramos a construir una realidad diferente.

    No podemos elegir nuestra herencia – nombres, o traumas, o historias – pero si elegimos qué hacer con ella.

    En la tradición judía, los nombres tienen un peso importante. Me niego a permitir que el gobierno israelí actua o habla en mi nombre.

    Como persona judía nacida en la diáspora, afirmo que “nunca mas” significa nunca mas para ningun grupo, o no significa nada.

    Como la bisnieta de refugiados judios que eligieron el apellido “Israel” para comenzar su vida en los Estados Unidos, yo decido lo que significa mi nombre hoy.

    Para mi, significa una tierra segura y sagrada donde nos reunimos en comunidad, en cualquier parte del mundo, para compartir el pan, reír, llorar y orar juntos, y recordarnos que nos pertenecemos los unos a los otros.

    Es un sueño: paz y seguridad para todes, cada uno de nosotros sagrado, completo y digno de vida.

    Estamos muy lejos de esa tierra hoy, pero mi nombre me recuerda la esperanza de mis ancestros:

    Algún día, llegaremos.

    Espero que cada une siga trabajando hacia el mundo que desea, paso a paso, gota a gota. 

    Aquí seguiremos con la misión que hemos tenido desde el inicio: brindar herramientas de autodefensa a todas las personas posibles.

    Es un honor compartir esa misión con ustedes.


    Sobre la autora

    Toby Israel es la fundadora y facilitadora de Mujeres Fuertes Autodefensa. Instructora de defensa personal (Certificación Completa, ESD Global, Formadora de Instructoras, Credencial ESDP con la Association of ESD Professionals) y maestra de yoga, facilita retiros y talleres para inspirar y transformar a partir de la conexión con nuestra fuerza interior. Vino a Costa Rica en 2017 para sacar su maestría en la Universidad para la Paz. Se quedó por el sol, la papaya y la comunidad.

    Toby Israel is the founder of Mujeres Fuertes Costa Rica. As an Empowerment Self-Defense instructor (full certification and trainer of trainers, ESD Global) and yoga teacher, she facilitates retreats and workshops to inspire and transform through our connection with our inner strength. She came to Costa Rica in 2017 to complete her Masters at the University for Peace. She stayed for the sunshine, the fruit, and the community.


    Sobre Mujeres Fuertes Autodefensa

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  • Sobre la epidemia de soledad masculina

    Sobre la epidemia de soledad masculina

    Ahora bien, si tomamos la definición técnica del término, eso significaría que los hombres se están contagiando entre ellos rápidamente de su soledad. Aunque no creo que esa sea la intención detrás del uso de la palabra, puede que sea técnicamente cierto. Por mucho que a la sociedad le encantaría culpar a las mujeres, la realidad puede ser más fiel al término: que los hombres están socializándose entre ellos —o antisocializándose entre ellos— en su aislamiento.

    En realidad, lo que se denomina (a través de un lente mediático patriarcal) como la epidemia de soledad masculina, es en verdad una epidemia de violencia masculina.

    O tal vez, la soledad generalizada es una consecuencia directa, o la evolución, de un problema social profundamente arraigado: la epidemia de violencia masculina. Esta epidemia de violencia es mucho más letal y contagiosa que su resultado inevitable para los hombres: sentirse solos cuando sus comportamientos violentos los alejaron, en lugar de acercarlos, a la conexión.

    Es cierto que las tasas de suicidio son más altas en hombres que en mujeres. También hay mucha investigación que muestra lo perjudicial que puede ser la soledad para nuestra salud general como seres humanos. Es importante reconocer estos hechos porque el objetivo no es minimizar los riesgos de la soledad ni el bienestar mental y emocional de los hombres.

    El punto es que la situación social de soledad colectiva masculina es en realidad el resultado directo de la violencia colectiva masculina, la cual ha estado presente en la sociedad durante miles de años y es mucho más propensa a propagarse que la soledad. En los últimos años, se ha convertido en una epidemia transmitida por pódcast. Antes de eso, el patógeno se propagaba a través de conversaciones en vestuarios y las típicas excusas de “los chicos son así”.

    ¿Soledad masculina causada por la violencia masculina? No debería ser tan difícil de entender, pero desglosémoslo.

    Para empezar, a un nivel fundamental, tal vez algunos hombres no estarían solos si no hubieran matado a sus parejas o familias. A nivel mundial, alrededor de 50,000 mujeres al año son asesinadas por sus parejas íntimas, exparejas o miembros de la familia. Me pregunto si esos 50,000 hombres se cuentan dentro de la epidemia de soledad masculina.

    Pero más allá de eso, es bastante fácil entender cómo la experiencia colectiva de la soledad masculina es, en realidad, la evolución obvia de la violencia patriarcal.

    La violencia masculina siempre ha sido normalizada en un mundo patriarcal. En sociedades donde los hombres tenían el poder de definir la realidad, la definieron para apoyar y justificar sus propios comportamientos. Así, sus malas conductas podían fácilmente ser etiquetadas como normales… por ellos mismos. Por tanto, la violencia fue normalizada y las mujeres condicionadas a tolerarla, y en un mundo donde las mujeres dependían de su relación con los hombres para sobrevivir literalmente, estaban obligadas a tolerarla. Si tu esposo te golpea, pero no tienes opción legal de divorcio, ni derecho a tener una cuenta bancaria, ni posibilidad de vivir sola o volver con tu familia, ¿qué más puedes hacer que tolerar los golpes?

    Entre las mujeres, también socializadas bajo condiciones patriarcales, hay distintos niveles de misoginia internalizada, diferentes grados en los que hemos normalizado nuestra propia opresión, romantizando la dominación masculina sobre nosotras, e interiorizado el abuso como amor. No todas las mujeres, claro. Algunas hemos luchado con fuerza para deconstruir lo que significa vivir y amar, e incluso —me atrevo a decir— reír en la cara del patriarcado.

    Durante mucho tiempo, mientras la violencia masculina era normalizada por los hombres en un mundo dominado por ellos, y sus malos comportamientos eran absorbidos por las mujeres, los hombres seguían manteniendo relaciones con mujeres. Incluso si odiaban a sus parejas, por lo general seguían teniendo una esposa a la que volver, e hijos también. Si sus matrimonios carecían de amor y estaban construidos sobre dinámicas de poder desiguales, los hombres aún podían encontrar amor y afecto fuera del matrimonio —generalmente, sin consecuencias. ¿Qué podía hacer una esposa sin cuenta bancaria? (Desde luego, no reaccionar emocionalmente —eso podría llevar a una mujer a ser institucionalizada o lobotomizada en ciertas épocas).

    De hecho, la institución del matrimonio era, en muchas culturas, más una alianza política y social que una unión por amor. El amor quedaba para lo extramarital. Los hombres no estaban solos, porque tenían esposas en casa obligadas por las condiciones sociales a cuidarlos y a criar a su descendencia, y también tenían amantes fuera del hogar.

    Además, se tenían entre ellos para validar la justicia de esas condiciones sociales. Los hombres tenían espacio público. ¿Con quién se encontraban allí? Con otros hombres cuyas esposas miserables también estaban en casa. Tenían amigos. Esposas para los servicios, amantes para el placer, y espacio público para socializar…tal como lo diseñaron.

    Después de siglos de quemas, ahogamientos, lobotomías, feminicidios y generaciones de gaslighting cultural para convencernos de que estamos locas por tener necesidades, histéricas por sentir emociones, no lo suficientemente inteligentes para estudiar, no lo suficientemente fuertes para ciertos trabajos o para subirnos a un tren porque se nos iba a salir el útero o lo que sea, las mujeres luchamos por tener acceso a los espacios y servicios que los hombres nos habían negado: educación, trabajo (un triunfo para el capitalismo), cuentas bancarias, propiedad, cargos políticos, el derecho a no ser violadas por nuestros maridos, entre otros. Es decir, todavía nos violan, pero ahora podemos presentar una denuncia. Probablemente, no pase nada más allá de nuestra propia retraumatización a manos de un policía o juez hombre, pero hay un acuerdo social de que los hombres no deberían violar. Aunque los “machos alfa” de los pódcast traten de convencernos de lo contrario.

    (Si toda esta sumisión y servidumbre viniera naturalmente a las mujeres, probablemente no habría habido tantas cazas de brujas, lobotomías ni olas de feminismo. Si fuera natural para nosotras someternos a los hombres y quedarnos calladas, la cultura de los pódcast alfa ni siquiera existiría. ¿A quién están tratando de convencer de nuestra sumisión?)

    Y entonces llegó cierto grado de liberación económica para las mujeres, y con los anticonceptivos, algo de control sobre nuestros hábitos reproductivos (ambos triunfos del capitalismo, al menos), y de repente —en términos evolutivos…

    Las mujeres ya no dependíamos de nuestra relación con los hombres para sobrevivir en la realidad que ellos crearon.

    Con acceso al espacio público, a la educación, al mercado laboral, a cuentas bancarias propias y la posibilidad de alquilar o tener propiedades, ya no teníamos que tolerar el abuso dentro de nuestras relaciones. Aún ocurre, por supuesto: el condicionamiento social no se deshace tan fácilmente. Pero a medida que las mujeres salimos del aislamiento de nuestras casas, cortamos las cadenas que nos ataban a la estufa, comenzamos a hablar con otras mujeres y nos dimos cuenta de que sí podíamos sobrevivir sin relaciones que nos hacían odiarnos a nosotras mismas, muchas empezamos a diseñar vidas que no giraban en torno a nuestra relación con los hombres.

    Muchas mujeres aún quieren estar con hombres, aún desean parejas, familias, romance y amor, pero sus expectativas y necesidades han subido de nivel. Y, si leemos los comentarios en prácticamente cualquier publicación de redes sociales, parecería que los hombres no.

    La violencia masculina ha alejado a las mujeres de ellos. Esto no es un fracaso de las mujeres. No es que hayamos fallado en someternos o en ser femeninas. No es que estemos “demasiado en nuestra energía masculina” ni ningún otro discurso de gaslighting, ya sea sacado de la píldora roja o de tonterías pseudo espirituales de la nueva era. Cuando luchamos y conseguimos acceso a nuestros propios recursos, comenzamos a evitar la violencia masculina. Y los hombres se enfadaron por eso. Y cuanto más enfadados, más violentos. Y cuanto más violentos, más los evitamos.

    Y ahí entra… la epidemia de soledad masculina.

    Si tratas con violencia a las personas a tu alrededor, no querrán estar contigo. Parece tan básico, y, sin embargo…

    Como con cualquier tema, hay más matices y complejidad de lo que una afirmación general puede abarcar, así que esto no significa que solo la violencia cause la soledad.

    La soledad proviene de la falta de conexión. La violencia crea desconexión.

    No puedo hablar por ellas, pero puedo imaginarlo. Puedo imaginar que las mujeres de generaciones pasadas, aisladas en sus casas, atrapadas en matrimonios abusivos, sin oportunidad económica para salir, en matrimonios sin amor, donde sus maridos podían buscar amor extramatrimonial… puedo imaginar que todas esas mujeres también se sentían solas.

    Ningún medio de comunicación hablaba de esa soledad. Apenas conseguimos que reporten cuando nuestras parejas nos asesinan. (Cabe mencionar que cuando  hay atención mediática por un feminicidio, siempre se trata de una mujer joven, blanca y convencionalmente atractiva, mientras que mujeres indígenas, negras y latinas son asesinadas y desaparecen a tasas mucho más altas).

    A nivel global, los hombres asesinan a 137 mujeres al día. Pero en realidad, probablemente son más.

    Una de cada tres mujeres ha sido o será abusada o agredida sexualmente por un hombre. Pero en realidad, probablemente son más.

    Y esto ni siquiera es un problema únicamente de género. La violencia masculina no solo va dirigida a mujeres. Cuando los hombres y niños son víctimas de violencia, generalmente también es a manos de otros hombres.

    ¿Cuántas mujeres han sido asesinadas, ahogadas, quemadas en la hoguera, violadas, lobotomizadas? ¿Cuántas han visto su trabajo robado y acreditado a algún hombre?

    ¿Cuántas han vivido vidas enteras sin haber consentido nada de ello?

    ¿Crees que las mujeres no han estado solas? Por supuesto que sí. Pero no nos entrevistaron en el Washington Post ni nada por el estilo.

    Nosotras conseguimos gatos. Y brunch. Y terapia. Pilates y pelotones. Clubes de lectura y círculos de luna y Taylor Swift. Nos reunimos con las chicas, los gays y les “theys”. (Porque, resulta que ¡puedes ser amiga de cualquier ser humano que te caiga bien y a quien tú le caigas bien! ¡Es increíble!)

    Y los hombres lo odiaron. Nos dicen que vamos a morir solas con nuestros gatos y luego se quejan de estar solos.

    ¿Quieren que muramos solas? ¿O quieren que estemos con ellos?

    Es un poco confuso, la verdad, chicos.

    Cuando por fin salimos de nuestras casas y entramos a la vida pública, cuando dejamos de creer las narrativas de que otras mujeres eran nuestras mayores enemigas y empezamos a confiar y construir relaciones significativas entre nosotras, comenzamos a crear conexión. Y esa conexión no dependía de tener una pareja masculina. Esto no quiere decir que muchas mujeres no sigan deseando una pareja masculina, o conexión con hombres —pero muchas estamos cansadas de lidiar con el riesgo de violencia que eso conlleva. Y parece que, en lugar de volverse menos violentos, los hombres se están volviendo más solitarios.

    Pero aquí está el detalle: ¡no todos los hombres están solos! Algunos hombres aman a sus esposas. Algunos hacen amigos con otros hombres, ¡e incluso con mujeres! Algunos van a terapia. Algunos están dispuestos a deconstruir el condicionamiento que ha normalizado sus comportamientos violentos.

    Y si no están dispuestos a hacer el trabajo necesario para construir conexión en sus vidas… quizás deberían conseguir un gato.

    La soledad es parte de la condición humana. Momentos fugaces o agudos de soledad son emociones humanas normales.

    Creo que todas las personas podemos relacionarnos con el sentimiento de soledad. Así como estamos hechos para sentir conexión, creo que también estamos hechos para sentir soledad. Como todas las emociones que nos muestran algo, la soledad nos muestra (si lo permitimos) dónde necesitamos construir o crear conexión, o qué conexiones debemos soltar porque no son saludables.

    La soledad crónica, a largo plazo, es perjudicial para la salud. Somos seres sociales y nos necesitamos unos a otros. Sabemos que la soledad conlleva malos resultados de salud y disminución de la longevidad.

    También sabemos que la violencia masculina causa directamente muchas muertes cada año: 50,000 mujeres. Más todos los hombres que son asesinados por otros hombres. Más todas las guerras y genocidios dirigidos por hombres.

    Antes de abordar la soledad, debemos tomarnos en serio la violencia masculina, porque la soledad es producto de la desconexión, y es imposible conectar a través de la violencia.


    Sobre la autora

    Amy es facilitadora de defensa personal, certificado de Nivel 1 por ESD Global en 2018. Vive en Playa Samara donde facilita clases, cursos, y talleres de defensa personal. Amy también es escritora, editora, e instructora de yoga. Le gusta bailar, caminar en la playa con su perrita, reírse con amigas y combatir el patriarcado con sus palabras escritas.

    Amy is a Level 1 self-defense facilitator certified by ESD Global in 2018. She lives in Samara, costa Rica, where she facilitates self-defense classes, courses and workshops. Amy is also a writer, editor, and yoga instructor. She likes to dance, walk on the beach with her dog, laugh with friends, and fight the patriarchy with her written words.


    Sobre Mujeres Fuertes Autodefensa

    Mujeres Fuertes es un proyecto de autodefensa apoyando a todas las personas a vivir una vida libre de miedo y llena de confianza.

    Aprovechen nuestros recursos digitales de autodefensa:

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  • La violencia es violencia, y punto.

    La violencia es violencia, y punto.

    No nacimos para sufrir.

    El fin de semana del 14 de febrero, fui a ver una obra de teatro con mis amigos; pero para mi sorpresa, la obra me incomodó muchísimo, por su temática. A lo largo de toda la obra, las mujeres les gritaban a sus esposos, los minimizaban o se burlaban de ellos. Y algunas personas del público se reían de eso, lo que me angustiaba aún más.

    Al finalizar el evento, el director de la obra (un amigo mío muy querido) se acercó a mí, me tomó de las manos y con gran cariño y expectativa me preguntó: ¿qué te pareció? ¿te gustó?

    Es un tema bien complejo y rudo para mí, el de la violencia, le respondí.

    De niña crecí viendo como mi madre hacía mofa continua de mi padre, lo descalificaba, lo minimizaba y a sus espaldas hablaba mal de él y de los hombres en general. Por otro lado, siempre vi un esposo y padre cariñoso, respetuoso, leal y con un corazón noble; pero que nunca supo defenderse así mismo ni a los demás, un hombre inseguro, sumiso, frágil, temeroso y que siempre hacía lo que mi madre decía y quería.

    En el discurso de mi madre siempre logré percibir su sentimiento de superioridad, grandeza y un “empoderamiento” muy violento. Además, de constantes palabras hirientes, control, frialdad, manipulación y autoritarismo hacia las personas que vivíamos con ella. En el área verbal, emocional y físico era sumamente agresiva, explosiva y violenta. Recuerdo una vez que llegó a casa y me contó que cacheteó a una vecina y no lo contaba con arrepentimiento.

    Toda la vida sentí muchísima impotencia y me dolía de gran manera ver a dos adultos (mis padres) tan frustrados, heridos y con roles tan normalizados. Ni el agresor ni el agredido son libres, ninguna postura es sana ni es natural. No nacimos para venir a esta vida a sufrir ni a llevar una cruz autoimpuesta, tampoco para quejarnos día con día de nuestra realidad, mucho menos aún, para morir como “mártires” (personas que sufren y mueren luego de mucha tortura por permanecer firme en sus creencias y convicciones).

    Hoy cuento esto y alzo la voz porque conozco muchísimos hombres violentados, humillados y con miedo de relacionarse con mujeres.

    La violencia no tiene una única vía, no podemos perder de vista que violencia es violencia y para ninguna dirección debe de ser aceptada ni tolerada.

    Recordemos que nuestra libertad llega donde empieza la libertad de la otra persona.

    Salir de un círculo de violencia es bien complejo, más no imposible. Sé que muchas veces se normaliza la violencia como forma de adaptación o sobrevivencia, otras veces se desea con todas las fuerzas salir de ahí, pero no se cuenta con los recursos necesarios para vivir de manera independiente o no hay seguridad de que alcancen y esto genera un miedo tan paralizante que puede durar años.

    Pero si hoy en día estás viviendo violencia, humillación, tristeza extrema, desesperación, desesperanza o alguna otra quiero decirte que no naciste para sufrir, no mereces permanecer ahí, mereces toda la felicidad, plenitud y alegría de la vida.

    Siempre hay otro opción, aunque nos cueste verla o tomar las fuerzas necesarias para dar ese salto al vacío. ¡Siempre hay otra opción!

    Algunos recursos de apoyo que te puedo recomendar:

    • Libros:
      • Mi niño interior de Matilde Garvich,
      • Mujer Holística de María José Flaqué
      • De regreso al hogar de María José Flaqué y
      • La maestría del amor de Miguel Ruiz.
    • Podcast:
      • Walter riso,
      • Despertando,
      • psicología al desnudo y
      • La magia del caos
    • YouTube:
      • La magia del caos,
      • Julio sin filtro,
      • Gaby Vargas,
      • Nilda Chiaraviglio
    • Apoyo psicológico:
      • María por zoom ya que es de España: (34) 6898-3170 o
      • Patricia presencial o virtual: 8815-7907 o
      • Álvaro presencial: 8349-8466
      • Método Peniel, para sanar heridas de la infancia: (506) 8491-9155

    Autora: Anonima

    Fotos: Retiro Free to Be, 2021


    Sobre Mujeres Fuertes Autodefensa

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  • De la desconfianza a la sororidad

    De la desconfianza a la sororidad

    “Es la amistad entre mujeres que ni siquiera son amigas”, le dice la escritora y periodista peruana Gabriela Wiener a BBC sobre la sororidad.

    Esa es la clave, y de los puntos que más me impresionan; que una desconocida sea capaz de acuerpar a una mujer, en momentos incluso poniéndose en riesgo, y no esperar nada a cambio.

    Por otro lado, me deja un sabor amargo en la boca que el 90% de agresores a mujeres sean familiares o personas cercanas a ellas, dejando en clara evidencia un opuesto casi poético entre la sororidad y la violencia de género.

    Es difícil alcanzar este nivel de compañerismo y solidaridad habiendo crecido en una estructura que fomenta y casi que impone la desconfianza entre mujeres, que no impulsa una competencia sana en ámbitos profesionales, educativos y de logros, si no en estándares de belleza inalcanzables y por la atención de hombres.

    Despojarse de tantas expectativas es complejo, no caer en el sinfín de estímulos que recibimos sobre quienes dictan nuestro pasado, presente y futuro es una lucha constante, y sólo se logra cuando alcanzamos una posición de reconocimiento y respeto mutuo. Eso es la sororidad.

    “La sororidad es un pacto político de género entre mujeres que se reconocen como interlocutoras… No hay jerarquía, sino un reconocimiento de la autoridad de cada una”, escribe Marcela Lagarde.

    Es importante luchar por la libertad, admirarnos y criticarnos conscientemente, no cayendo tampoco en un apoyo ciego que derrote el propósito de la sororidad y la hermandad. Se han escudado personas detrás del feminismo para caer en acciones racistas, xenofóbicas, clasistas e incluso machistas, valiéndose de que “las mujeres tenemos que ser sororas siempre”.

    Esto no sólo es moralmente reprochable, si no que alimenta al patriarcado a utilizar los términos como “¿no es que son sororas? ¿Dónde está el apoyo entre mujeres? ¿Y las feministas qué se hicieron? Y que en su mayoría provienen de hombres ansiosos y sedientos por tener la más mínima excusa para burlarse y violentar a las mujeres.

    Es importante recordar este contexto, especialmente ahora que se avecina el 8M, cuando escuchamos a muchas mujeres decir que quienes nos manifestamos no las representan, o que “esas no son formas” (de pedir equidad e interseccionalidad en los derechos que nos pertenecen).

    Me encantaría poder ir persona por persona, recordándoles que gracias a esas mujeres que fueron ruidosas, rebeldes, y revoltosas, es que ellas pueden votar, que pueden estudiar, que pueden trabajar y utilizar pantalones o el tipo de vestimenta que deseen.

    Pero más que eso, me genera tristeza pensar que nunca han estado en una marcha sólo de mujeres, sintiéndose enormes, fuertes, poderosas y sin miedo, acuerpadas por una y mil y una de desconocidas, brincando y cantando, gritando al unísono en una marea que suda dolor, frustración, impotencia; pero también muchísimo amor, pasión y felicidad.

    Yo marcho por mí, pero como mujer blanca reconozco mi privilegio y sé que ahí no acaba, tengo que ver más allá de mi nariz diría una de mis mejores amigas; así que marcho por ellas, por las que están, las que faltan y las que estarán.

    Por la desconocida que me cuidó en un bar hace 10 años,

    las que regalan productos sanitarios sin pensarlo dos veces,

    las niñas, las abuelas, las mamás;

    y sí, por ellas, las que no represento, las que se sienten incómodas porque como bien lo dice Catalina Ruiz-Navarro

    “la sororidad no plantea que tengamos que ser mejores amigas ni que entre todas nos caigamos bien, es entender que hacemos parte de un sistema que de alguna manera a cada una nos tiene jodidas y que nos vamos a aliar para enfrentarlo.”

    En una sociedad que nos quiere todo menos unidas, abracémonos y marchemos con la cabeza en alto siempre; y cuando alguna no tenga la fuerza, otra le pondrá su hombro y entre todas seguiremos luchando, incomodando y existiendo.

     


    Sobre la autora

    Sara Alvarez Keller, estudiante de psicología interesada en temas sociales quien está redescubriendo sus pasiones, mientras encuentra equilibrio entre el trabajo y la universidad. Amante de los libros, el café, viajar y los atardeceres.


    Sobre Mujeres Fuertes Autodefensa

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  • Mi cara de cvlö y Medusa

    Mi cara de cvlö y Medusa

    Lecciones de una diosa sobre el poder de la fealdad

    Una expareja solía decirme que mi enfado (o más concretamente mi cara de cvlö) le asustaba. Fue gracias a él, gracias a la pirotecnia de nuestra dinámica conflictiva, que conocí mi capacidad de sentir rabia.

    ¿Sabes lo que se siente encarnar la palabra “furiosx” mientras tu ira te acompaña por la calle? ¿Escuchar música metal (que de paso odias) al máximo volumen para no tener que gritar solx? ¿Quedarte mudx de rabia, palabras perdidas del todo en la tormenta de nieve que cubre tu mente?

    Yo no lo sabía. Pero ahora lo sé.

    Recientemente, he estado profundizando en una amplia gama de interpretaciones y reconstrucciones del mito de Medusa. Investigación de mercado, por así decirlo, para un nuevo proyecto que estaba co-creando, Medusa Media Collective.

    Abundan los recuentos feministas de su historia. Sobreviviente, rebelde, víctima, bruja: Medusa también puede ser un símbolo de subversión, de resiliencia y del ciclo vital de destrucción y creación.

    Quizás mejor conocida por las serpientes en su cabello, la mirada de Medusa, como se menciona en la Ilíada de Homero, es igualmente fascinante.

    “El ojo de Medusa se petrifica. Su “mal de ojo” trae la muerte. ” —Miriam Robbins Dexter, Ph.D.

    ¿Qué tipo de expresión, cuando se encuentra en el rostro de una mujer, es tan aterradora que puede convertir a la gente en piedra? Mi conjetura: su “cara de cvlö” (un término, dicho sea de paso, que elijo adoptar). 

    Ya sabes, aquella cara que viene con rabia cegadora y música metal. Es tan escalofriante que los hombres de todo el mundo tengan que rogar a las mujeres que sonrían en la calle. Desde los antiguos hasta los modernos, a nadie le gusta una mujer enfadada; por eso aprendemos desde pequeñas a mantener esas cosas bajo control.

    Sin embargo, si bien esta mirada puede traer la muerte, no creo que sea “mala”. Más bien creo que ha sido villanizado, demonizado junto con la ira de las mujeres. 

    La ira no es mala, pero es transformadora. Y el cambio da mucho miedo. Terror, incluso.

    Ese compañero mío me dijo que mi ira era fea y aterradora. No podía soportar mirarlo.

    Lo que fue mucho más perturbador fue que por un momento le creí. Me alejé de la fealdad de mi propia ira, por miedo a que me convirtiera en piedra.

    Aceptando la ira como agente de cambio: aprendizajes de Medusa

    Por supuesto, este no fue el caso. Quizás la mirada de Medusa provoque otro tipo de muerte: la destrucción creativa, la muerte necesaria de lo viejo para crear espacio para lo nuevo. Muerte como transformación. Mi ira nos petrificó a ambos, pero finalmente me permitió quemar viejos ciclos y crear nuevos, lejos de las personas que desmembrarían mis emociones menos “atractivas”. Y ahí radica la otra interpretación del “mal de ojo”, la ira que nos protege, aleja las malas intenciones y las devuelve a quienes quieren hacernos daño.

    Las relaciones desafiantes generalmente se compensan con ciertos dones, y este me brindó una familiaridad íntima con mi ira, que apenas había tocado antes. Me tomó mucho tiempo dejar de lado esa ira cuando ya había excedido su bienvenida. Creo que es porque se sintió bien…

    Mi ira me prendió fuego y forjé muchas cosas en esas llamas: proyectos creativos, negocios, fuerza, hermandad. Las semillas se abrieron en ese calor destructivo y dieron origen a nueva vida. Y cuando me ayudó, lo dejé en un estante fuera de mi alcance, allí si alguna vez lo necesitaba. Sólo ahora recuerdo darme la vuelta y decirle “gracias” a la cara de cvlö, la “fealdad” que me dio tanto poder, protección y vida, tal como se decía que hacían las efigies de Medusa en los lugares y ciudades sagrados.

    Hasta ahora, todavía no podía decidir si arrepentirme de mi fealdad, mi ira, mi cara de cvlö… o deleitarme con ella. Sin embargo, cuanto más me adentro en las cuevas serpenteantes de la tradición de Medusa, más seguro estoy de que debo abrazar este poder, ignorando precisamente las instrucciones del patriarcado de decapitarlo y mirar hacia otro lado con vergüenza, disgusto y miedo.

    Medusa me sisea desde las sombras: “No les escuches, cariño. ¡Tu cara de cvlö es hermosa!

    ¿Y sabes qué? Hoy le creo.


    Publicado originalmente en el blog de Medusa Media Collective.


    Sobre la autora

    Toby Israel es la fundadora y facilitadora de Mujeres Fuertes Autodefensa. Instructora de defensa personal (Certificación Completa, ESD Global, Formadora de Instructoras, Credencial ESDP con la Association of ESD Professionals) y maestra de yoga, facilita retiros y talleres para inspirar y transformar a partir de la conexión con nuestra fuerza interior. Vino a Costa Rica en 2017 para sacar su maestría en la Universidad para la Paz. Se quedó por el sol, la papaya y la comunidad.

    Toby Israel is the founder of Mujeres Fuertes Costa Rica. As an Empowerment Self-Defense instructor (full certification and trainer of trainers, ESD Global) and yoga teacher, she facilitates retreats and workshops to inspire and transform through our connection with our inner strength. She came to Costa Rica in 2017 to complete her Masters at the University for Peace. She stayed for the sunshine, the fruit, and the community.


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  • Nuestro hashtag favorito del año – #womeninmalefields

    Nuestro hashtag favorito del año – #womeninmalefields

    #womeninmalefields

    La importancia de la representación

    Mujeres alrededor del mundo encontraron una nueva manera de crear comunidad, y esta vez es a través de un hashtag en redes sociales. En los últimos meses, #WomenInMaleFields o mujeres en industrias/áreas de hombres ha ganado popularidad y se ha viralizado con miles de mujeres compartiendo ejemplos de sus vidas personales, laborales y sentimentales para llegar a la conclusión que no estamos solas, no es nuestra culpa y de una u otra manera compartimos la misma experiencia.

    #womeninmalefields

    Un trend que comenzó como algo de humor aludiendo a la poca responsabilidad afectiva de un “casi novio” o la condescendencia de entrevistadores y jefes, pronto reveló un mensaje más profundo; juntas hemos sufrido a causa del patriarcado, pero juntas podemos desafiarlo, construir una comunidad y demostrar que tenemos un lugar en cualquier espacio que elijamos ocupar, lo cual lleva a la clara falta de representación que tenemos como mujeres en áreas e industrias mayoritariamente lideradas por hombres.

    La falta de representación femenina en sectores como STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) es una realidad que no podemos ignorar. Según el Global Gender Gap Report 2024, sólo el 28.2% de la fuerza laboral en STEM está compuesta por mujeres, y son incluso menos los puestos de liderazgo.

    La representación importa porque ver a mujeres triunfar y prosperar en roles tradicionalmente masculinos empodera y brinda seguridad a otras de intentarlo; no se trata sólamente de desafiar estereotipos, si no de inspirar a futuras generaciones y demostrar que la diversidad en equipos no es sólo deseable, sino esencial para la innovación y el éxito.

    Aunque estas tendencias son un gran punto de partida, los datos son el motor del cambio real. Según el Global Gender Gap Report, al ritmo actual, se necesitarán 134 años para cerrar completamente la brecha de género, lo cual exige acciones concretas como:

    • Prácticas de contratación equitativas que eliminen los prejuicios implícitos.
    • Programas de mentoría para apoyar a mujeres en sus trayectorias profesionales.
    • Políticas inclusivas que permitan un balance entre la vida laboral y personal.

    #Womeninmalefields es un llamado a la acción, una plataforma de representación y una fuente de esperanza. Al unirnos para compartir nuestras historias y apoyarnos mutuamente, estamos allanando el camino hacia un futuro más equitativo.

    Y mientras tanto, disfruten de esta selección de reels sobre #WomenInMaleFields

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  • La Niña Buena

    La Niña Buena

    Fui criada, educada y motivada con valores que me guiaron hacia el comportamiento de una “niña buena”, y no lo considero una queja; comprendo que lo hicieron para asegurarse de que tuviera las herramientas necesarias para enfrentar la vida como la sociedad “manda”.

    Nos damos cuenta que una mujer fue enseñada a ser “buena” cuando permanece en silencio la mayoría del tiempo, sin alzar la voz o expresar opiniones de manera contundente. Es una niña, adolescente o mujer cuidadosa, pulcra y que evita ensuciarse. Posee una sonrisa constante y una cara simpática. Se espera que esté disponible para las demás personas, sirviendo cuando es necesario, y que mantenga una apariencia física delicada, incluso cerrando las piernas.

    Te reto a que imaginés a una niña inadecuada, y notarás que no la encontrarás en mi descripción, llegando incluso a sentir cierta incomodidad al intentar hacerlo.

    Tras vivir diversas experiencias, sumergirme en la lectura de varios libros de desarrollo personal y feminismo y participar en el taller de Autodefensa Holística de Mujeres Fuertes, he descubierto métodos, herramientas y formas de expresión que me han permitido abrazar mi lado de la “niña mala”.

    Aprendí a escuchar mis necesidades y establecer límites claros, identificando dónde no deseo estar y con quiénes no debería compartir mi tiempo de manera más definida. Desarrollé la habilidad de decir no, de discernir dónde no quiero estar y con quién no quiero relacionarme, de una manera más clara y precisa. Por mencionar algunas cosas, en el proceso sigo evolucionando.

    Ahora, he cultivado la capacidad de escuchar mi intuición y, lo que es aún más importante, de seguir sus indicaciones. He adquirido herramientas para distanciarme, para alejarme de situaciones donde no me siento valorada, y para compartirme solo en lugares donde mi autenticidad es apreciada.

    Me he vuelto consciente de mi poder interno y de mi capacidad para expresar lo que siento en lo más profundo de mi corazón.

    Sin embargo, en este proceso también he experimentado miedo, rechazo y dolor. Me he encontrado con personas en mi camino que se molestan ante mis límites, gente que no está dispuesta a escucharme y situaciones manipuladoras. He notado la presencia de aquellos amigos, familiares y conocidos que anhelan a la niña buena y sumisa que decía sí a todo, que obedecía sin cuestionar.

    Esta dinámica activa en mí mecanismos de autorrepresión, rondando la idea de regresar a mi antigua yo para evitar el juicio, el castigo o la desaprobación.

    El poner un límite y perder una persona o una relación, incluso una posición social duele. Pero al largo plazo, duele más despriorizarme y mis necesidades, serme infiel.

    Unos consejos para mí y para vos que empezaste a ser niña mala:

    1. Uso mi intuición para tomar decisiones. 

    2. Ya no me involucro o trato de no estar en lugares que impliquen sobrevivencia, sé que es más fácil poner límites en lugares de ternura. 

    3. Uno de mis no negociables es que cada persona puede definir sus límites pero si alguna de las dos partes no acepta negociar, conversar o al menos respetar ese límite y cierra la puerta a la conversación, no voy a continuar con esa relación (trabajo, pareja, familia, amigos). 

    4. En el último año, mi niña y mujer mala se atreve a tirarse al agua y decir mis límites y necesidades a viva voz, aunque vaya a caer mal. Sé que la persona que más pierde cuando se me irrespeta un límite soy yo misma. 

    5. Tengo espacios de meditación para sentir que me pasó por el cuerpo cuando puse un límite, qué reacciones recibí y qué deseo hacer como siguiente paso.

    6. Yo misma cuido mis límites en cuanto pueda, a veces nosotras mismas los sobrepasamos. 

    7. Leo, me capacito y me trabajo en terapia todo aquello que me permite tener herramientas para sentirme segura a nivel nervioso y emocional, cuando pongo un límite (trauma, paradigmas, sistema nervioso, mecanismos de defensa, etc).


    Sobre la autora

    Como instructora de autodefensa holística y facilitadora de equipos, Ann Hillary especializa en utilizar herramientas lúdicas y de reflexión para fomentar el empoderamiento y la confianza. Con títulos en violencia de género y sensibilidad al trauma, diseña conversaciones significativas en torno al síndrome de la impostora, apoyando a mujeres a reconocer y superar sus barreras internas.


    Sobre Mujeres Fuertes Autodefensa

    Mujeres Fuertes es un proyecto de autodefensa apoyando a todas las personas a vivir una vida libre de miedo y llena de confianza.

    Aprovechen nuestros recursos digitales de autodefensa:

    • Un blog con docenas de artículos sobre la autodefensa, la prevención de violencia, y otros temas relacionados.
    • Un canal de YouTube con MUCHOS talleres de autodefensa grabados.
    • Un handbook en formato PDF ilustrado explicando todas las técnicas.
    • Un curso digital autodidacta.
  • La sororidad nos abre el camino a nuestra seguridad

    La sororidad nos abre el camino a nuestra seguridad

    Advertencia: se discuten temas de violencia sexual.

    Este mes, por fin sentenciaron al violador Andres Picado, a 24 años de cárcel. Fue acusado por violar entre el 2019 y 2022 a 5 mujeres extranjeras y 2 niñas, una con 13 años de edad y otra con 14, en Santa Teresa. 

    Es un gran logro para las mujeres de la zona de Cóbano y Santa Teresa, específicamente, para quienes han estado buscando justicia por más de 2 años. También para las mujeres en todo el país, que han estado llamando la atención a los casos, se han organizado manifestaciones, marchas, publicaciones y más, para apoyar el proceso. Han estado trabajando por años con la esperanza de crear un pueblo más seguro para otras mujeres. 

    ¿Será un ejemplo para otros agresores en la región? Esperamos que sí. 

    Mientras, siento el agradecimiento colectivo, producto de la realización de justicia  que está pasando  y que se expresa en las redes. Éste agradecimiento no me llega sin el acompañamiento de otras emociones también: frustración, cansancio y una que está siempre presente, ira. 

    Al leer las publicaciones de las colectivas de mujeres, pienso en tanto esfuerzo que hicieron y la energía que gastaron muchas mujeres, todo por un solo violador.

    ¿Cuántas mujeres tenían que alzar sus voces? ¿Cuántas mujeres tenían que defenderse, defender a las otras? 

    Aunque en este caso por fin hemos visto alguna forma de justicia, en general el sistema no nos protege. El sistema judicial y toda la estructura legislativa fueron creados por hombres y funciona para ellos. No funciona para las mujeres ni para las otras personas marginalizadas. 

    Imagínese, si requiere tanto esfuerzo de tantas personas para traer justicia contra las acciones de un solo violador, ¿cuánto esfuerzo se requiere para enfrentar la violencia patriarcal en general?

    ¿Cuántas voces tienen que gritar: “es un violador” para que nos crean? 

    ¿Cuántas niñas tienen que ser violadas para que las autoridades hagan algo? 

    ¿Cuántos casos similares tenemos que ver y vivir antes de que haya un cambio grande en la cultura patriarcal, la cultura que permite que los hombres sigan intentando mantener el poder sobre las mujeres?

    Me gustaría creer que éste caso será un catalizador para un cambio judicial. 

    Me sigue frustrando pensar en toda la energía invertida en ésto, energía que se podía haber invertido en otros proyectos, en sueños, en vivir sus vidas. Pero por otro lado también me recuerda la fuerza y ternura que existe cuando las mujeres nos juntamos. 

    Aprendiendo de los Bonobos sobre la sororidad

    Me recuerda del Bonobo Sisterhood, un libro escrito por Diane Rosenfeld sobre la sororidad de los bonobos. Básicamente, el concepto es así: los bonobos son los primates más cercanos genéticamente a los humanos. Compartimos 97% de nuestro ADN con ellos. En la estructura social de los bonobos, no existe la violencia machista y en los casos raros en los que un macho demuestra una tendencia de violencia hacia una hembra, las demás llegan para castigarlo y expulsarlo de la tribu. Se protegen entre ellas aún si no son familiares o conocidas, y así, la violencia machista nunca tiene la oportunidad de persistir. 

    El patriarcado siempre ha mantenido su poder al convencernos y obligarnos a aislarnos en casa, con una cadena a la cocina, breteando sin parar para cuidar la familia, ahogándose en el trabajo doméstico, lejos de otras mujeres. Sin contacto con las compañeras, que son las que pueden compartir, confirmar y validar nuestras experiencias. 

    Sin embargo, el mundo ha cambiado y ahora no estamos aisladas. Cada vez más conversamos de nuestras experiencias vividas, y nos vamos dando cuenta de que realmente ¡No estamos solas!, muchas veces hasta compartimos vivencias y así los abusos no son nuestros para cargar solitas sino juntas. 

    En nuestro trabajo con Mujeres Fuertes, de enseñar y compartir la metodología de Autodefensa Holística, siempre hablamos de los cinco principios de defensa, uno de ellos que es “decir” o “contar.” ¿Y cómo es “decir” una forma de defensa si pasa después de un acto violento? Hablar de lo que nos pasa es una forma de sanación, nos da conexión y contención, nos acompañamos, fortalecemos la sororidad, y poder escuchar un “yo también” nos alivia. Es una gran parte de comenzar a generar un cambio cultural. 

    El poder del colectivo

    Hace unos meses, conocí a una chica que llevaba poco tiempo viviendo en nuestro pueblo. Me pareció que estaba un poco triste y me contó que aún no tenía muchas amigas y su novio le había dicho que solo necesitaba a él, que no necesitaba amigas, que todas las mujeres en nuestro pueblo estaban locas. 

    “Wow, que bandera roja,” le dije.  

    Le dije que no solo no estamos locas, sino también estamos bien conectadas. Le conté cómo en nuestra comunidad hay mucho acuerpamiento, que las mujeres en mis círculos le cuidarían su espalda, que lucharían por ella y cualquier otra mujer, aún sin conocerla. 

    Es verdad, aquí y en muchos pueblos, las mujeres nos defendemos, nos apoyamos, nos protegemos entre nosotras, aún con mujeres que no hemos conocido. Hay colectivas oficiales y redes no oficiales de mujeres luchando por nuestra seguridad. Cuando una es violada, todas nos vemos afectadas, a todas nos duele.

    Sin saber de ellas, nos estamos organizando como las hembras de los bonobos.

    Y como ellas, para sentirnos más seguras, nos protegemos entre todas. Seguimos su ejemplo para empezar a crear una sociedad libre de violencia patriarcal.

    Que se haga justicia no debería requerir de tanto esfuerzo y energía gastada, sigamos construyendo hacia un mundo donde no tenemos que buscar justicia porque arrancamos las tendencias violentas desde la raíz. Un mundo donde expulsamos los agresores de nuestras tribus, donde nos protegemos entre todes, conscientes de lo que nos une, y donde dejamos de validar lo que nos separa.


    Sobre la autora

    Toby Israel es la fundadora y facilitadora de Mujeres Fuertes Autodefensa. Instructora de defensa personal (Certificación Completa, ESD Global, Formadora de Instructoras, Credencial ESDP con la Association of ESD Professionals) y maestra de yoga, facilita retiros y talleres para inspirar y transformar a partir de la conexión con nuestra fuerza interior. Vino a Costa Rica en 2017 para sacar su maestría en la Universidad para la Paz. Se quedó por el sol, la papaya y la comunidad.

    Toby Israel is the founder of Mujeres Fuertes Costa Rica. As an Empowerment Self-Defense instructor (full certification and trainer of trainers, ESD Global) and yoga teacher, she facilitates retreats and workshops to inspire and transform through our connection with our inner strength. She came to Costa Rica in 2017 to complete her Masters at the University for Peace. She stayed for the sunshine, the fruit, and the community.


    Sobre Mujeres Fuertes Autodefensa

    Mujeres Fuertes es un proyecto de autodefensa apoyando a todas las personas a vivir una vida libre de miedo y llena de confianza.

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